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11 de noviembre de 2013

YES WE CAN: FINALES FELICES


MI PERRA NANDA





Nanda fue nuestra ahijada durante dos años. Aunque a mí me parece increíble que nadie se hubiese fijado en ella antes. Todavía ahora cuando vamos por la calle con ella y la gente se acerca y te dice: —“vaya perro más guapo” —“parece un raposo”, pienso para mí: Sí castrones, pues estuvo pudriéndose de asco durante años sin que nadie mirase pa’ ella… Es un decir, claro. Sé de sobra que estuvo bien atendida todo el tiempo, que recibió cariño y que para nosotros era muy especial. Nanda es especial, además de por ser hoy nuestra perra, porque fue nuestra primera ahijada. Ella abrió la veda a todos los que vendrían después. Ella forjó nuestra relación con la protectora y el compromiso de padrinos con nuestros ahijados. No lo había pensado hasta este momento, pero la palabra padrino describe muy bien lo que somos. Padrino, era el que antaño, tenía que hacerse cargo de los hijos de un tercero, en caso de que los progenitores no pudiesen. Y eso es en lo que nos hemos convertido. Somos padrinos de animales a los que sus dueños legítimos dejaron de atender. En el momento en que conoces a tu ahijado, creas con él para bien y para mal un vínculo. Sabes que el día que te dé vagancia ir a la protectora, estás fallando a tu ahijado. Que tú en cierto modo eres su responsable emocional aunque la protectora sea su tutor legal. Es una promesa que le haces al perro: yo no te fallaré. Y ahí estamos.




Nanda fue muy lista, desde el primer día encandiló a Javi apoyando su largo focico en sus rodillas, y poniendo esa mirada de perro abandonado que todos los animales traen de serie. Es fácil, solo tienes que agachar la cabeza y mirar hacia arriba dejando que se vea un poco el blanco de los ojos. Y Javi cayó, caí yo, caímos con todo el equipo.




El primer día que fuimos a buscar a Nanda, teníamos algo de miedo. No por la perra en sí, sino porque nos aterraba la idea de pensar que el animal pudiese crearse falsas esperanzas y que se desmoronase al volver a la protectora. Vamos, que fuese peor el remedio que la enfermedad. El tiempo y la experiencia nos demostraron lo contrario. Aquí es muy importante el factor tiempo (según las guías, los libros y los expertos) un animal tarda unos quince días en adaptarse a su nuevo entorno. En nuestro caso, para la acogida temporal, lo importante entonces consistía y consiste en que las visitas sean lo más frecuentes posible pero siempre cortas. De ese modo y contra todo pronóstico nos dimos cuenta de que Nanda no lloraba al volver a Pajomal, sino que la muy “ingrata” saludaba encantada a los trabajadores y se iba tan contenta sin mirar ni siquiera atrás. La protectora es su refugio y su hogar, nuestros ahijados nunca han sufrido al volver. De hecho, si así hubiese sido, no habríamos podido seguir haciéndolo. No nos lo hubiesen permitido. Aunque estoy segura de que si alguno lo hubiese hecho, lo hubiésemos metido de vuelta en el coche, con el corazón hecho pedazos. Gracias a dios, ninguno de nuestros ahijados conoce ese truco, sino a día de hoy tendríamos demasiados perros.


Mucha gente nos pregunta que por qué directamente no los adoptamos, pero creo que eso es fácil de explicar: somos conscientes de nuestras limitaciones. Nos encantan los perros, pero realmente nuestro modo de vida y nuestra vivienda no nos permiten tener más de uno a la vez. Dos nos complicaría la existencia a todos, y francamente, hay un límite en eì número de animales que puedes acoger, pero no lo hay en los sue puedes ayudar. Es decir, podemos ayudar a muchos, en el último año, hemos podido colaborar con 5 perros. No podríamos haber dado cobijo a 6 animales contando la nuestra, sin embargo, ya ves como de esta forma si hemos podido.


Hemos aprovechado este post, para comentar un poco el papel que desempeñamos aunque para hacerlo hayamos tenido que quitarle el protagonismo a Nanda. En realidad, Nanda no necesita presentación, ni palabras que la describan, ella es más que una perra, es nuestra compañera. Vive con nosotros desde hace apenas dos años, pero parece que llevase toda la vida ahí. Nanda es un perro normal para el resto y única para nosotros. Una perra mestiza, medianilla, nerviosa y tranquila al mismo tiempo, que parece que ha ido a una escuela de adiestración, pero que en realidad es solo que su inteligencia innata le dijo desde el primer momento que si quería quedarse tenía que intentar entender lo que esos dos monos pelones querían de ella. Que si quería un bocado no tenía que cogerlo del plato sino sentarse y esperar. Que para ir a la calle, tenía que ponerse la correa, que si quería ir a la playa, después no se libraba del lavacan, que el coche era bueno para ir lejos del parque de todos los días, y así una tras otra, fue aprendiendo ella solita, porque como buena raposa, la jodía es lista, además de guapísima ¡por supuesto!




BONUS TRACK: AÑO DE MANZANAS O EL CIELO DE LOS PERROS


Este fin de semana hemos tenido que ir al pueblo a ayudar a mi padre a apañar la manzana. Hemos cogido más de 1.200 kilos en un fin de semana. Cualquier asturiano que haya tenido la suerte o desgracia de vivir esta experiencia sabe que no miento si digo que la espalda no me habla y que las vértebras se han dispuesto en rompan filas… Nanda también va a recoger la manzana. Le encanta, lo hace desde que era nuestra ahijada e íbamos a buscarla para que pasase unos días suelta en la finca. Nanda corre tras las manzanas que saltan al varear los árboles. Señores del Llagar: mi perra no entiende porque ella no puede seleccionar también las manzanas que van a los sacos. Perdonen si alguna está marcada con su sello de calidad.



Nanda adora ir a por la manzana, se pasa los días corriendo por una finca de media hectárea, y cuando está cansada o tiene sed, tiene el río tan a mano, y tan lleno de manzanas, que solo tiene que meterse, beber y chapotear. Los tres kilos de barro que lleva en añadidura no le pesan a Nanda. Nanda es una perra feliz. Yo voy a soñar que una manzana enorme me persigue y que no puedo mover las piernas, ella va a soñar con una pumarada inmensa de la que continuamente llueven manzanas tras las que correr. Para Nanda el cielo de los perros, es un año infinito de manzanas.



P.D. Parte de las manzanas van para la asociación de Apoyo a Africanos de Avilés. Si hay alguien que tenga pumares u otros frutales y no sabe qué hacer con los excedentes que sepáis que hay miles de asociaciones de toda índole deseosas de recogerlas. Thank U! J




MARÍA Y JAVI