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27 de enero de 2014

PERROS MANUAL DE USO: CAPÍTULO 1. LAS BOLSAS…


Hoy me vais a permitir una pequeña rabieta… Hoy quiero hablar de un tema que tiene que ver con la escatología y el civismo a partes iguales. Estoy hablando de la recolección de excrementos caninos, el trabajo más “agradable” de nuestra convivencia canina, pero imprescindible para la convivencia humana. Quiero hablar de este tema porque en los 12 días que van de año, he tenido que exiliar mis botas a la terraza al menos tres veces a cuenta de todos esos dueños de perros que tan generosamente dejan los restos orgánicos de sus animalitos repartidos por doquier. Si fuese verdad eso que dicen de que trae suerte, este año me tocaría la lotería fijo. Sin jugar ni nada.



Vivo en Avilés, y tengo la suerte de vivir en el centro, pero en un centro que no está del todo hormigonado sino que cuenta con sus pequeñas zonas verdes arboladas. Parece una situación excelente pero la realidad es que vivo frente a un parque minado. Y francamente me cabrea y mucho. He de reconocer que estoy escribiendo esto porque a la hora de la verdad no soy capaz de decirle nada a nadie. Cuando observo a los dueños mirar para otro lado, simplemente bajo la cabeza y pienso para mí,  la madre que lo parió… pero nada más. Continúo mi marcha rezongando para el cuello de mi camisa. Por eso estoy hoy aquí escribiendo esto, porque realmente necesitamos concienciarnos de que no debe ser así. De que tenemos que salir de casa envueltos en plástico para no ir dejando un rastro de estiércol canino a nuestro paso. Y es que seamos realistas, indiferentemente de que tengas o no perro, a nadie le agrada pisar una boñiga con su propio pie. Es desagradable para cualquiera, y en contra de lo que muchas veces creen quienes no comparten su vida con un perro: No. Los dueños de canes no tenemos un detector de heces en los zapatos que nos ayudan a esquivarlas.



Es más, a menudo los dueños de perros tenemos más riesgo de encontrarnos con una de estas minas antipersona en nuestro camino que quienes no comparten su vida con un perro. Y me explico: hay un elevado número de personas que recogen las heces de su perro en las aceras (¡BIEN!)  pero que no lo hacen cuando el animalito se dirige hacia el jardincillo de turno (¡HORREUR!). Lo que ocurre en este punto es que se diferencia claramente los perros que van sueltos de los que van atados. Y conste, mi perra va la mayor parte de las veces suelta, pero eso no impide que me agache a recoger sus excrementos como el común de los mortales. Pero es cierto que el perro que  va suelto puede hacer sus necesidades a 300 metros de su dueño tranquilamente, mientras que el que va atado apenas dispone de 1,5m. Lo que ocurre en muchas ocasiones es que los perros que van atados al husmear entre la hierba, guían sin saberlo a sus dueños a pisar una de estas minas… 

Os propongo un juego: Intentad cruzar un parquecillo por la zona ajardinada de noche sin pisar ni un solo excremento… Es difícil, verdad? Si calculamos que en invierno a las seis de la tarde ya es noche cerrada, nos daremos cuenta de que todos los perros salen a pasear de noche por nuestros parques y jardines dificultando la visión de materia orgánica canina. Por esto mismo, y sin ya entrar en la materia de “niños jugando en los parques”, “abuelos con sillas de ruedas”, “carricoches”, “carros de la compra” y todo tipo de objetos en los que se pueden quedar impregnados los excrementos de nuestras mascotas, por favor, seamos cívicos. Aparte de que tropezarlas sea altamente desagradable para cualquiera, tiramos piedras contra nuestro propio tejado. Con la falta de educación y de convivencia en nuestras ciudades solo conseguimos que la legislación de mascotas sea cada vez más restrictiva y eso va en contra de todos nosotros. La falta de educación en este tema hace que en muchos lugares se nos prohíba el acceso con nuestros perros. 

Me da mucha rabia ir con mi perro y encontrarme los excrementos de otro animal en la acera, me apetece ponerme a gritar “no es mío”, “no es nuestro”, me siento juzgada por otros viandantes, como si solo el hecho de tener perro te hiciese partícipe de esa falta de educación o de deferencia hacia los demás. Es necesario que tomemos conciencia de que este hecho nos perjudica a todos. 



Otra cosa, aprovechando el viaje, que pongan papeleras por dios. Autoridades locales, poned papeleras, si queréis que recojamos los excrementos de nuestros animales, por el amor de dios, poned papeleras y no hagáis que recorramos prácticamente kilómetros con la bolsita… ¡seamos cívicos por favor!, o lo que es lo mismo ¡sed cívicos c@j&%#nes!



MARÍA Y JAVI