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26 de febrero de 2014

¿POR QUÉ MI PERRO LADRA AL TIMBRE DE LA PUERTA?


SINFONÍA PARA TIMBRE CON ACOMPAÑAMIENTO VOCAL

El perro ladra... pero, ¿por qué ladra? pues, en primer lugar, porque es un perro; y algunas razas se han criado con la vista puesta precisamente en eso, en la capacidad de ladrar.

En la vida en sociedad, un perro que ladra continuamente es un problema. En algunas circunstancias, incluso un perro que ladra sólo en ocasiones determinadas puede serlo también; si vives en una casa independiente y tu perro ladra cuando alguien se acerca a la puerta, puede ser aceptable, pero si vives en un edificio de pisos, probablemente no lo sea. Sobre todo si se empeña en anunciar a grito pelado todas las idas y venidas de los vecinos por las escaleras sea la hora que sea... y ni te cuento si pasas la noche con él en un hotel (y podría contarlo, que la primera noche con mi perro fue, por decirlo suavemente, apoteósica).

En resumen, que la educación de tu perro debe incluir también el cuándo y dónde ladrar. Tú decidirás qué opción te conviene, si que no ladre en casa, o que no ladre de noche, o que ladre solo cuando alguien se acerca a la puerta... ésa es la parte fácil; la difícil, es explicarle lo que quieres que haga.

Para eso tendrás que armarte de paciencia, demostrarle lo mejor que sepas cuándo lo hace bien y cuándo no, siempre desde un acercamiento positivo: premia los aciertos e ignora los fallos, o corrígelos con suavidad y siempre verbalmente. No lo hace para molestarte, ni mucho menos, así que utiliza todas tus mañas para hacerte entender.

Si persiste en ladrar ante un estímulo determinado, por ejemplo el timbre de la puerta, es probable que haya llegado a la conclusión de que cuando él ladra, tú te levantas y vas a abrir; es decir, que su función es la de avisarte, y así se siente útil y realizado. Nada más lejos de la realidad, pero, ¿cómo se lo explicas? Complicado, muy complicado... porque, además, tienes que abrir la puerta.

Será más fácil si te consigues un ayudante que haga sonar el timbre mientras tú distraes a tu perro para que no ladre, por ejemplo mandándole sentarse o estarse quieto, y le premias por ello. Acabará comprendiendo qué es lo que quieres que haga, y lo hará, porque su intención es siempre complacerte, como seguramente ya habrás observado (si aún no te habías dado cuenta, prueba a mirarle atentamente con un paquete de salchichas en la mano).

Es una carrera de fondo, como casi todo en la educación de los peludos (y de los humanos), y en algunos casos necesitarás informarte, pedir consejo o ayuda profesional. Si es así, no lo dudes: el tiempo y dinero que inviertas en la educación de tu perro siempre estará bien empleado y redundará en beneficio para ambos.