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17 de febrero de 2014

YWC - HISTORIAS DE LA EVOLUCIÓN II. LOS GATOS


El otro día hablamos de la domesticación del perro y de cómo ha evolucionado con nosotros desde los albores de la sociedad para formar una manada híbrida con los humanos. No podíamos dejar de lado la intrahistoria de los gatos y su particular concepción de la domesticación.

Antes de llenar miles de powerpoints y vídeos de youtube los gatos ya se habían ganado su propio espacio entre nosotros. Sus cachorros perfectos como peluches vivientes nos encandilan pero no se amilanan ante nosotros dejando entrever el decidido carácter de estos animales que están en nuestras vidas porque así lo han decidido, no porque nadie se lo haya impuesto.

Hace tiempo había leído en un dominical que en realidad nuestros compañeros felinos siguen siendo leones encerrados en el cuerpo de un gato. Que nunca los hemos domesticado porque ellos nunca se han doblegado a nosotros. Simplemente nos toleran y son ellos quienes deciden o no elegir nuestra compañía. Quien haya tenido la suerte de compartir su vida con un gato no negará que en estas líneas se encierra una gran verdad.


Fotografía encontrada en Google, de origen desconocido.



Quizás la principal diferencia respecto a otras especies domesticadas como los perros es que los gatos no son normalmente animales sociales; a excepción de los leones, los felinos suelen ser animales solitarios y autosuficientes que solo comparten espacio y tiempo con sus congéneres en la época de reproducción. Al no ser sociales no pudimos sustituir a sus líderes animales como en el caso de los perros, ellos siguen siendo su propio Alfa.


¿Pero cuando empezaron a tolerar nuestra presencia y a vernos como posibles compañeros de piso? Las fechas exactas al igual que en el caso de los perros no están claras. Durante mucho tiempo se ha creído que fueron los egipcios quiénes los domesticaron y veneraron a partes iguales. Sin embargo cada vez se hallan más restos arqueológicos que dan fe de la larga convivencia entre humanos y felinos.


Se supone que los gatos monteses, antepasados de los gatos domésticos, se acercaron a los asentamientos humanos con la llegada de la agricultura. El almacenaje de las cosechas debió atraer a múltiples roedores y este cazador los siguió hacia nuestras poblaciones. Su trabajo para mantener a raya las plagas de ratones tuvo que ser muy apreciada por nuestros ancestros que procuraron que los gatos permaneciesen junto a ellos. Esto se evidencia por la alimentación de estos felinos primigenios cuyo análisis ha desvelado que se basaba más en sucedáneos del mijo (cultivado por los hombres) que en los ratones. Se deduce que es probable que fuesen alimentados para garantizar su presencia en las poblaciones.

Extracto de un documental en el que se habla de la domesticación del gato: 





De esta relación de beneficio mutuo, surgió una convivencia de milenios. Los gatos tan suyos, siguen decidiendo por sí mismos los tiempos y los espacios. Se han ganado a pulso su puesto en nuestra sociedad. Al contrario que los perros no nos necesitan para sobrevivir, y sin embargo han decidido permitirnos seguir disfrutando de su compañía.


MARÍA Y JAVI