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18 de marzo de 2014

GATOS E INMUNODEFICIENCIA


Dos de las gatas que han pasado por mi vida padecían el Virus de la Inmunodeficiencia Felina (VIF). Serena, adoptada en Adoptastur en el 2006 y ya fallecida, y Kitty, recogida en las instalaciones de DuPont. Mucha gente tiene reparos a la hora de adoptar gatos con inmunodeficiencia pero mi experiencia con ellas ha sido y es muy gratificante. Por eso, y aunque no soy veterinario (a ellos hay que recurrir siempre ante cualquier duda) me he decidido a escribir este pequeño artículo.






EL VIRUS DE LA INMUNODEFICIENCIA FELINA

Como en el caso del virus del SIDA en los humanos, el Virus de la Inmunodeficiencia Felina (VIF) ataca el sistema inmunitario del gato debilitándolo en su lucha contra las infecciones.

Actúa de la misma forma que el VIH humano, el virus se instala en los nódulos linfáticos y desde allí empieza a afectar lentamente al sistema inmunitario de nuestro gato, aunque éste puede permanecer asintomático por muchos años, incluso fallecer antes de que el VIF se manifieste. No se puede precisar la velocidad con la que podría evolucionar la enfermedad puesto que depende de múltiples factores como la clase de cepa, las condiciones en las que vive el animal, su exposición a patógenos, etc.




Es importante saber que es un virus que es específico de los felinos y NO PUEDE CONTAGIAR a ninguna otra especie animal, ni humanos, ni perros, ni otros animales corren peligro. Incluso para que se transmita a otros gatos tienen que darse unas condiciones muy específicas.

La forma más habitual de transmisión de VIF es por mordeduras de un animal infectado a otro sano. El virus tiene que inocularse en sangre. La convivencia diaria, compartir comederos, dormir juntos, acicalarse NO ES CAUSA DE CONTAGIO. 



Otras formas de contagio como de madre a feto o por transmisión sexual, aunque sí se han dado casos, parecen tener mucha menor incidencia. Por tanto aquellos gatos que resultan más propensos a infectarse son los machos no castrados con acceso al exterior y, obviamente, los gatos y gatas callejeros. Es decir aquellos envueltos en peleas territoriales o causadas por el celo de las hembras.

César Rodríguez