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2 de abril de 2014

MI EXPERIENCIA CON INMUNITOS. EL VIRUS DE LA INMUNODEFICIENCIA FELINA III


Hace casi 4 años que convivo con una gata que resultó ser portadora de VIF. Una decisión de la que me alegro enormemente. No es la primera. Antes conviví con Serena, adoptada del albergue de Oviedo a través de Adoptastur en el 2006 y que falleció unos tres años después.

Convivir con ellas no me ha supuesto más preocupaciones o conflictos que convivir con cualquiera de los otros gatos que han pasado por mi vida.





Es cierto que a Serena su paso por el albergue de Oviedo le dejó huellas y tenía problemas de encías que le dificultaban comer esporádicamente durante un par de días. Pasábamos a comida húmeda que no hubiese que masticar y listo. Kitty por el contrario, salvo un pequeño problema de cristales en la orina, es totalmente asintomática. 




No tomo precauciones especiales. Le doy, eso sí,  un pienso de alta gama. La desparasito regularmente. De acuerdo con mi veterinario y dado que vive en un ambiente controlado (vivimos en un piso y Kitty no sale al exterior) hemos decidido no ponerle vacunas de refuerzo para no estresar el sistema inmunitario innecesariamente. Y, obviamente, en cuanto veo algún síntoma que me preocupe acudo al veterinario. Es decir no hago nada que alguien que tenga gatos no haga.


César Rodríguez