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7 de abril de 2014

PERROS-ARDILLA


A mi amiga y compañera de este blog Lelia, le llamó poderosamente la atención que Troy su perro de aguas se transformase de vez en cuando en un perro ardilla. Ya sabéis, esos perros que como los famosos roedores hacen acopio de alimento para el invierno. Así que rebuscando en internet, he dado con la clave de este comportamiento. Parece ser que como muchas otras cosas forma parte de su herencia salvaje. Los cánidos como los zorros o los lobos, suelen recurrir a este truco para preservar los restos de su caza de otros carnívoros y carroñeros. Cuando la caza ha sido abundante y los estómagos ya han sido saciados, ¿qué hacer con los excedentes?, el instinto les hace enterrar los restos para poder recurrir a ellos cuando el alimento escasee. Además el enterramiento les permite preservar mejor la comida y puede evitar que sean encontrados y aprovechados por otro animal. Esta técnica suelen utilizarla principalmente con los huesos que pese a tener una menor carga energética, puede ser aprovechada en una siguiente ocasión. Es decir, hasta en esto los animales nos superan a algunos humanos: ahorran por si las vacas flacas, ya sabéis… 

TROY

Leyendo en algunas páginas para poder escribir esta entrada he descubierto que al contrario de lo que creía y que en un principio le había comentado a Lelia, sí que he convivido con perros ardilla. Al pensar en esconder la comida, automáticamente me venía a la cabeza la típica imagen del perro escarbando en la tierra para esconder el hueso, pero no había caído en la cuenta que los perros caseros no suelen tener acceso a tierra en la que hacer agujeros, por lo que este comportamiento se manifiesta de otra forma: escondiendo comida entre cojines, mantas, ropa, entre los asientos del sofá… Y entonces he recordado como efectivamente mi perra, se subía a la cama y semi-escondía los huesos en el pliegue de la almohada, para gran alborozo de mi madre… He leído que este comportamiento puede desatarse en animales que hayan pasado épocas de hambruna, o en aquellos cuyos horarios no son muy regulares. El otro extremo puede ser también un desencadenante, si alimentamos de más a nuestros compañeros el exceso de comida puede hacerles recurrir a estos bancos de alimento para no renunciar a recibirlo pese a no dar abasto (bien, en este punto he de aclarar que algunos animales como la que yo tengo en casa puede reventar de una fartura si es necesario, pero ni renuncia a comerlo, ni tiene pensado enterrarla para recurrir a ello más adelante…). Otro de los motivos que puede llevar a un perro a enterrar la comida es evitar que otro perro lo coma. En algunos casos, cuando tenemos más de un animal en casa, y uno es más rápido que el otro haciendo acopio de alimento, puede que alguno de ellos recurra a esta técnica para garantizar que otro perro no le quitará su ración. En estos casos los veterinarios recomiendan darles la comida separadamente para garantizar que todos los animales reciben su parte.



Si vuestros perros no viven o han vivido ninguna de estas situaciones pueden recurrir a ella simplemente por instinto. De la misma manera que giran sobre sí mismos antes de dormir, pueden llevar en los genes la tendencia a enterrar comida o juguetes, eso sí, como gracias a dios no pasarán hambre, lo más probable es que olviden donde lo enterraron y no vuelvan a buscarlo. No os desesperéis si encontráis juguetes o premios enterrados en mantas o cojines, es el lobo que llevan dentro, no lo pueden evitar J


MARÍA Y JAVI