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3 de noviembre de 2014

YWC: ¿POLEMIZAMOS?


Escribo este post con el total convencimiento de que voy a abrir un agrio debate, pero tenía ganas de hablar de ello, de esta otra realidad.

Hace tiempo, allá por abril, se me estremeció el espinazo al tropezarme en una revista con el tema de la “indigencia canina”. En el reportaje, varias personas con distinta (mala) suerte y trayectoria personal, miraban a cámara transmitiendo la soledad de sus vidas solamente aplacada por la proximidad de un perro. Personas a las que la crisis, la vida, la mala cabeza o las relaciones tóxicas les habían arrebatado la dignidad, la recuperaban en parte con la compañía de un chucho con el que compartir noches al raso.

Leyendo sus historias, sin entrar a juzgar si su actual situación es fruto de las consecuencias o del azar, me di cuenta de que nos diferenciamos por bien poco. Que cualquiera de ellos, tenía a su perro en lo más alto de su escala de valores, pero que por más que mi perra sea para mí, nunca será tanto como para aquellos a quienes la vida les ha arrebatado el resto. Y cuántas veces habremos juzgado abiertamente la situación económica de una persona para barajar su sentido de la responsabilidad.


Está claro que un cierto bienestar económico es necesario para garantizar unos mínimos pero que sería de cualquiera de estas personas sin su perro. Quiénes somos nosotros, que habitualmente vilipendiamos a estos individuos sin conocerlos, para juzgar el mal que estos le hacen a un perro. Porque francamente a un perro se la trae al pairo tu nivel económico, le da lo mismo cuál sea el concesionario del que hayas sacado tu coche, o la marca de pienso que le des para cenar. Un perro quiere ser parte de una manada, no exige ser parte de una estratificación económica concreta. El perro no quiere ver la nómina, quiere ser parte del cariño. Y leyendo a estas personas, que aseguran quitarse el pan de la boca para tener el perro en perfectas condiciones, pensé para mí, ¿no harías tú lo mismo?

Buceando en internet encontré también una imagen, desgraciadamente con copyright, en la que un perro le dice a un humano: tú tienes familia, pareja, amigos, yo solo te tengo a ti, y la recordé viendo los rostros de estas personas. Ellos han dejado de tener todo eso que nos rodea habitualmente: familia, amigos, pareja, conocidos, para pasar a ser solo un perro, y tenerlo solo a él. ¿Sería justo quitarle el perro a alguno de ellos? ¿No sería más razonable habilitar lugares para que puedan pasar la noche con ellos?, ¿no será más humano no quitarles ese bastión moral sino echarles una mano? Para todos aquellos que sois capaces de empatizar con el animal, pero no con el humano, yo os pregunto: ¿qué significa vuestro perro para vosotros?, ¿Podéis imaginaros no tener en la vida a nada ni a nadie más que a él?, ¿Acertáis a concebir el duro mazazo que supondría que de repente os lo arrebataran?

Entiendo perfectamente que el animal no tiene la culpa de la mala o buena cabeza del dueño, y también me hago cargo que esa buena o mala cabeza puede suponer que esa persona no sea capaz de canalizar la ayuda que puede recibir para su perro, pero dejando al margen el debate de quien debería recibir la ayuda, yo planteo lo siguiente: Antes de desposeerle del animal ¿no os parecería más adecuado cubrir las necesidades del perro sin que esto implique darle dinero al dueño?

Siendo realistas, los animales son terapéuticos, ¿cuánta gente no se hunde gracias a que se convierten en su tabla de salvación?, ¿Cuántas personas al borde de la depresión han salido a flote gracias a la compañía incondicional de un perro? A estas personas que ya están al borde del abismo, ¿de verdad creemos que es mejor quitarles el perro y empujarlos, que coger a uno de la mano y al otro de la correa y echarles un cable?


Echadle un ojo al reportaje y responded con sinceridad: ¿De verdad no os sentís identificados con ellos?