28 de julio de 2015

MUCHO HIJO DE PUTA ES LO QUE HAY…



Parental Advisory/Aviso: Este artículo contiene palabras malsonantes

La verdad es que llevo un par de meses mordiéndome la lengua para no soltar esta perorata pero hasta aquí hemos llegado. Confieso que he rebuscando en mi cerebro, intentando sin éxito exprimirlo para encontrar algún adjetivo adecuado que me ayude a describir al tipo de monstruo que habita entre nosotros y se dedica a diseminar alegremente veneno por nuestras zonas verdes. 

Lo siento pero no he encontrado sinónimos, porque la realidad es tan simple y llana como esto: mucho hijo de puta es lo que hay. Sí, porque tienes que ser un puñetero sádico para cobijarte entre las sombras y esparcir entre los arbustos bolas de carne cuidadosamente aliñadas con matarratas. Tienes que ser un maldito psicópata para con todo el mimo y cuidado del mundo preparar esas albóndigas gourmet rellenas de cristal o alfileres. Eres sin más un grandísimo hijo de la gran puta para regocijarte en tu casa pensando en el daño que le has causado a alguien que la mayor parte de las veces ni siquiera conoces. 

Alguna vez he pensado: no pueden ser conscientes. Es imposible que nadie realice un acto de maldad semejante siendo consciente del dolor que le está causando a otro. Pero sí que lo son. Es más fácil de asumir que ese daño se hace sin pretenderlo pero no hay nada que sostenga este argumento. Son unos grandísimos hijos de la gran puta, así sin más. Y luego, como siempre que necesitamos conciencia comunitaria, en lugar de solidaridad, llegan los “peros”. A veces cuando una noticia de envenenamiento animal salta a los medios de comunicación, uno suele tropezarse comentarios de los lectores en los que débilmente alguien intenta argumentar en contra de la mala praxis de algunos dueños. Y así con la boca pequeña empiezan su discurso con un “no lo justifico, pero…” y ahí, en el “pero”, reside la clave de la cuestión. Es el mismo “pero” de “yo no soy racista, pero…  añada a continuación el comentario xenófobo que le plazca” o el de “yo no soy machista/homófobo/etc. etc…pero” El truco es el pero… Pues bien, en estos comentarios de “yo no lo haría pero…” Siempre hay alguno que suelta el “pero es que los perros campan a sus anchas por las zonas verdes y los columpios donde están los niños” Et voilá señora/señor! Si les parece una barrabasada que los animales utilicen como WC el patio de recreo de sus hijos/nietos/sobrinos… y le preocupa que haya animales sin control en el entorno de los menores, más tendría que preocuparle que este tipo de psicópatas resuelva sembrar ese mismo espacio de veneno… Al hijo de puta que asesina a nuestros perros, se la trae al pairo que sus hijos jueguen entre la ponzoña, que se revuelquen en ella e incluso que la ingieran. Deberíamos estar en el mismo barco, amigos, no en gradas opuestas. Yo no estoy de acuerdo en que perros sueltos tengan acceso a los columpios de los niños, puedo tener mis más y mis menos acerca de las normativas de uso de las zonas verdes, pero ¡por el amor de dios! No se me ocurriría jamás defender a alguien que se toma lo que él considera justicia por su mano a causa de cometer el mayor daño posible a un semejante. Porque esa es otra, estos malnacidos llevan su psicopatía al más extremo y cobarde de sus actos, están convencidos de tener la más absoluta razón y siguen campando a sus anchas porque la ciudadanía en su conjunto se cruza de brazos argumentando que “total solo era un perro o un gato” cojonudo oiga… Pero es que no lo son. No son solo un animal. No para su dueño. Que a una persona no le gusten los perros es defendible. Como al que no le gustan los niños, o los coches, o las bicicletas, o lo que coño quiera que sea que cada uno tenga en su fobia particular. Pero lo que no es de recibo es que ese mismo individuo pretenda que como a él no le gusten al resto de los mortales les tengan también que dejar de gustar. Que se extingan de una vez, pensará en su casa carcomido por la rabia. Pero la convivencia no  consiste en eso. ¿Que los perros molestan? Mira, en ocasiones, no te digo que no. No discuto que un perro maleducado puede ser una perturbación seria, pero al igual que los vecinos groseros y no por ello nos dedicamos a echarles ántrax a escondidas en el buzón. Hay cientos de cosas que pueden molestarle a uno cuando convive en pueblos y ciudades pero lo que no es de recibo es que cada uno se tome la “justicia” por su mano.

Imaginaros por un instante que cada uno de nosotros nos dedicásemos a intentar exterminar a la causa de sus fobias particulares. En serio, deteneos un momento a pensar que todos hiciésemos lo mismo y que el resto del mundo para más INRI lo justificase con un “yo no lo haría pero…” Más aún, pensad que lo que haríamos ¡quedaría totalmente impune! 

Imaginad al que sufre el ruido del bar que tiene debajo de su casa disparando una escopeta parapetado tras la cortina de su casa y dando en el blanco de cada persona que entrase o saliese del local. Pensad en el vecino que pone la música demasiado alta y te despierta a gritos mientras duermes y ahora visualizad que le administráis cicuta en la leche del desayuno. Imaginad no sé, que os molesta el tráfico que cruza todos los días bajo la ventana de vuestro dormitorio y sencillamente os dedicáis a hacer detonar un pequeño artefacto casero a su paso. ¿Sigo? Figuraos que a alguien a quien por alguna extraña razón le desagraden los jolgorios de los niños y que ese alguien, se dedicase a rellenar de alfileres las gominolas que venden en un kiosco cercano, ¿os parecería normal? O si no ya los niños, pero le molestasen los jóvenes. Los adolescentes que en verano se reúnen en bandadas en los parques llenándolo todo con sus gritos hormonados… ¿os parecería normal que alguien se dedicase a asesinarlos simplemente porque le molestan? Pues eso… 

Dejaros de peros y repetid conmigo: Malditos psicópatas, hijos de puta, ojalá la maldad se pague en esta vida o la siguiente y recojáis todo el dolor que hayáis sembrado.

Bonus Track: El otro crimen de Cuenca. 

Mientras escribía esta entrada, he recibido el enlace al famoso vídeo de Cuenca, que hace unos días enlazaba Melisa Tuya en su blog http://blogs.20minutos.es/animalesenadopcion/2015/07/21/de-nuevo-un-gato-usado-como-balon-de-futbol-esta-vez-en-cuenca/ os lo resumo aunque no lo he visto, ni falta que me hace. Tres desgraciados, menores de edad para más señas, que revientan de una patada a un indefenso cachorro de gato. Para más cojones lo graban en vídeo y lo suben a la red… Olé, olé y olé… sé, que como bien hace Melisa en su artículo, aquí debería haber nuevamente una llamada de atención acerca de la educación que las siguientes generaciones de españolitos de a pie están recibiendo, que debería haber un alegato en contra de la violencia, etc, etc. Pero francamente estoy cansada, y por una vez voy a dejar que la furia me ciegue y hable por mí, así que retomando este escrito como si simplemente estuviese comentando esta triste noticia con un amigo en la calle, lo resumiré en un: Chavales, no queréis saber donde os daba yo el patadón, ni lo que hacía después con lo que quedase de vuestros inservibles genitales…