21 de diciembre de 2015

YA LLEGARON LA NAVIDAD Y LOS CACHORROS NAVIDEÑOS…

Me tomo la libertad de robarle el chascarrillo al monologuista David Guapo, e inicio esta entrada con su pegadizo tema: “Dubidú, Dubidú, Dubidú, Dubidá. Dubidú, Dubidú, ya llegó la Navidad”. Y efectivamente amigos, la Navidad ya está aquí, ya decora escaparates con dorados, plateados, rojos y verdes. Ya están las calles iluminadas, las cenas de empresa, las reuniones familiares. Turrones, polvorones y mazapanes rebosando las estanterías de los supermercados al mismo tiempo que el marisco y el pescado, cotizan en bolsa como cada año. Los comercios ya colgaron sus carteles de descuento, los mercadillos nos inundan con sus ofertas de regalos, y comienza el ajetreo de estaciones y aeropuertos. La lotería de Navidad dará el pistoletazo de salida a las fiestas y la resaca de reyes el punto final. 

Ya está aquí, fiel a su cita, ha llegado hasta nosotros y en menos de un mes nos habrá arrollado a todos, a los que la disfrutamos y a los que la detestan. No se puede escapar de ella. Reconozco que me gusta, aunque entiendo que haya quienes darían un ojo de la cara por no tener que revivirla cada año. Sin embargo y pese a ser fan de sus protocolos y tradiciones, hay otro clásico navideño que detesto: el cachorro navideño. 

Por favor no lo hagas, no es buena idea. Regalar un cachorro como si fuera un juguete no suele resultar bien. Los albergues están llenos de esas adorables bolas de pelo adquiridas sin pensar. Medita. Piénsalo con calma. No se lo regales a un tercero que puede no haber sopesado correctamente lo que significa hacerse cargo de un animal. No lo compres. No hagas que te maldigamos dentro de seis meses cuando superado por tu propia irresponsabilidad, lo dejes tirado en la primera cuneta que encuentres. 

Y como estoy cansada de ser la pesada del discurso repetitivo, voy a resumir el mensaje con unas cuantas imágenes que he tomado prestadas de internet:
Recuerda: ¡No son juguetes!