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11 de enero de 2016

PETARDOS…

Mecagohastaenlamadrequeparióalmaestroarmero… Así y con una aún más larga retahíla de palabras mal sonantes, hemos pasado las fiestas navideñas en mi casa gracias a esa bonita costumbre de tirar petardos a la buena de dios y darle restallones a los niños para que se inicien en el maravilloso arte de la pólvora… 

Como la mayor parte de los perros que conozco, Nanda se siente aterrorizada con los estruendos de los fuegos artificiales y afines. Tengo asumido que las celebraciones populares se coronen con la pirotecnia. Sé que en los días grandes, durante media hora, mi perra estará al borde del colapso nervioso. Ella se refugia en algún rincón y con los ojos desorbitados, jadea y tiembla. Es un espectáculo lamentable. Supongo que pensará que estamos en guerra, que nos atacan y no acaba de comprender por qué no ponemos pies en polvorosa. Poco puedo hacer por ella para evitarle ese suplicio. He intentado seguir algunas de las pautas de etología pero de modo infructuoso: 

- Habilitarle un lugar en el que se sienta segura: No hay rincón en el mundo seguro para Nanda mientras continúa el estruendo
- Distraerla: Ídem. Redirigir su atención no es factible, no hay bocado ni juego capaz de sacarla de ese estado de ansiedad.
- Modificar su conducta: Esta técnica consiste en enfrentar de forma gradual al perro a niveles bajos de ruido, mientras lo premias o entretienes de modo que el animal acabe relacionando el sonido con algo agradable. Yo no he sido capaz, pero si conozco casos exitosos de perros a los que habituaron a los restallones mediante juegos…

No he probado con la farmacología, pero tampoco acabo de ver viable su administración por la sencilla razón de que no puedo controlar el momento en el que va a sonar un petardo o un volador. 

La verdad es que lo que más me saca de mis casillas es esa manía de tirarlos sin ton ni son. Desde hace quince días, todas las tardes, algún desgraciado se dedica a tirar cada hora una ristra de petardos en el parque de debajo de mi casa. No sé quién es, ni por qué lo hace. Con todos mis respetos a la Comunidad Valenciana, región de gran tradición pirotécnica, lo cierto es que ni entiendo ni comparto esta práctica de festejar con ruido. Lo que peor llevo es la frustración de no poder hacer nada, no es ilegal tirar petardos a las 6 de la tarde, y ningún juez me absolvería por pegarle cuatro gritos al adolescente de turno y arrebatarle los cohetes de feria. Ahora es por la Navidad, pero dentro de un mes, comenzarán los Carnavales, para aderezar, entre festejo y festejo, están los partidos de fútbol, principalmente los derbys Madrid-Barça, donde aficionados de uno y otro equipo, saldrán sin dudar a soltar voladores por cada tanto que le hayan marcado al equipo contrario, y mientras tanto miles de perros seguirán desquiciados, algunos se perderán huyendo despavoridos, otros fallecerán de forma inmediata de paro cardíaco, parece que exageramos pero no es así. 

Por favor, un poco de concienciación, entiendo las celebraciones, el ruido, la jarana, asumo los fuegos artificiales, pero ¿de verdad que es necesario tirar petardos aleatoriamente? Otra petición, Padres del mundo, ¿podríais no comprarle a vuestras criaturitas esos restallones que sueltan sin pensar al paso de cualquiera? No es por histerismo, en serio, mirad algunas de las consecuencias:


Gracias por entendernos.