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26 de abril de 2016

¡CUÁNTO HEMOS CAMBIADO!

El mundo ha cambiado mucho en unas décadas, estamos más concienciados con la protección animal, la ecología, la medicina preventiva, la defensa del medio ambiente... ¿seguro? 

Seguimos teniendo fiestas nacionales que reproducen escenas de caza prehistóricas, presidentes de colegios veterinarios que no solo las apoyan, sino que alardean de participar activamente en esas masacres, licenciados universitarios que creen que cuando se encuentra un cachorro sin dueño hay que matarlo (sí, en serio, eso lo he oído dicho con toda naturalidad y dándolo por normal), gente cool que elige perro como quien elige bolso... y con las mismas expectativas de duración del capricho. Esto sin entrar en conductas psicópatas de los que no se atreven (aún) con los humanos, y van entrenando con animales; bueno... quizás haya algunos elementos comunes en unos grupos y otros, ¿no?

Volviendo a lo que íbamos, el cambio de la sociedad. Poco a poco vamos cambiando, sí, pero mucho más despacio de lo que nos parece. Y es porque erramos en la apreciación del pasado. Hace cincuenta años había perros en los sofás, igual que ahora. Menos perros, sí, pero también había menos gente. Hace ciento cincuenta años también había perros en los sofás, plena era victoriana, de la que se conservan muchísimas fotografías. Fotografías familiares, con perro o gato incluidos. Si seguimos retrocediendo encontraremos pinturas, ya que no fotos, en las que aparecen animales domésticos. Dignas señoras con gatos, elegantes y airosas señoritas paseando galgos, niños con perros... la dama del armiño de Da Vinci, por ejemplo; más allá de su simbolismo en el retrato, está claro que está domesticado, habituado a que lo acaricien y lo tengan en brazos, como a muchos otros animales similares en la época.


MAYO, 1886


Entonces, ¿por qué seguimos en lucha? básicamente, porque vivimos en dos espacios diferentes: las ciudades, con sus urbanitas que conviven con animales en términos de cuasi igualdad, y el campo, con sus ganaderos, agricultores y cazadores. Esquemas mentales totalmente diferentes, por necesidad: quien ha de vivir de los animales, verlos como comida, presa, trabajador gratuito forzoso, no puede permitirse el lujo de pensar en sus sentimientos ni en su bienestar, más allá de lo imprescindible para que cumplan su función; han de ser cosificados, porque si no fuera así, ¿quién podría?
—Sigo citando al pastor Avena, Drumknott: «Debo decir que los trasgos viven al límite, a menudo porque los han empujado hasta allí. Sobreviven donde nada más puede. Su saludo universal es, al parecer, “Cuelga”, que significa “Sobrevive”. Sé que les han adjudicado crímenes espantosos, pero el mundo en sí no ha sido nunca bueno con ellos. Quede dicho aquí que quienes viven allá donde la vida pende de menos de un hilo entienden la pavorosa álgebra de la necesidad, que no conoce la piedad, y cuando la necesidad acucia in extremis, bueno, entonces es cuando las mujeres tienen que hacer la vasija de unggue llamada “alma de lágrimas”, el más hermoso de todos los frascos, con tallas de florecillas y enjuagado con lágrimas».
Snuff
Terry Pratchett


Y cada dos por tres, volvemos al principio, en esto como en tantas otras cosas. Por eso es tan importante aprender, educar, leer, estudiar la historia. Para no tener que estar repitiendo los mismos errores, las mismas luchas, una generación tras otra.


Kamparina

ELIZABETH KNAPP, 1910
Nota: las fotografías proceden de Pinterest