9 de mayo de 2016

LAS SATISFACCIONES (Y FRUSTRACIONES) DEL VOLUNTARIADO

Supongo que todos conocéis, incluso probablemente vosotros mismos encajéis en esta descripción, a alguien quien tras tener por primera vez un perro, de repente descubre un mundo nuevo y nos entiende. A los locos de los perros, me refiero. Probablemente esa persona no hubiese comprendido hace un tiempo por qué nos preocupamos por los perros sin dueño, pero de repente al pensar en el suyo propio, todo encaja. Es normal, en eso se basa la empatía. 

Hace relativamente poco, hablando con una amiga que ha descubierto ahora lo que significa tener perro, le comentaba todo lo que se necesita y lo que se puede hacer en un albergue. Su respuesta es la de muchos: “yo no sería capaz”. No lo juzgo, comprendo la reacción pero  lo cierto es que no es para tanto. Me explico, los perros no se lanzan contra las jaulas suplicando ayuda o piedad, los perros ladran, y se acercan a cotillear a todo el que llega, como cualquier perro. Hay animales más sociables, y otros más tímidos, pero en líneas generales son bichos normales y corrientes como los que te tropiezas en el parque de debajo de tu casa. Creedme, no pasa nada, los animales no están en un campo de concentración, no están mal atendidos y por extraño que pueda pareceros, suelen estar hasta limpios. Yo he bajado cientos de veces de Pajomal a la Felguera, directamente al bar, y nadie ha sabido distinguir a mi propio perro del que en ese momento nos acompañaba. Entiendo la impresión inicial, pero de verdad que hay un prejuicio irreal acerca de los animales del albergue, bueno también es cierto que hay albergues y perreras, pero al menos las que en Asturias están regentadas por entidades de protección animal, cumplen los mismos estándares que Amigos del Perro. 

La segunda parte de este tipo de conversaciones suele versar sobre el “yo querría llevármelos todos a casa”… Bueno yo a veces sí, y otras no. Por extraño que pueda parecer o sonar, Pajomal es su casa, no están mal ahí, aunque indudablemente cualquiera de ellos preferiría ser perro único o de manada, Pajomal es el único hogar que conocen. Trabajadores y voluntarios se esfuerzan en que sea lo más agradable y familiar. No obstante, para mí, ser voluntario consiste exactamente en ser consciente de que es una realidad que es necesario cambiar aunque por desgracia, poco a poco. Que yo, o cualquiera, adoptase a todos los perros de Pajomal, no haría por desgracia desaparecer el problema, siempre habría repuestos. La solución no pasa porque desarrollemos un Síndrome de Noé por encima de mis posibilidades físicas y económicas, sino en poner un granito de arena para el cambio. Normalmente en este tipo de conversaciones, llegados a este punto, frente a este argumento viene el tercer caballo de batalla: “claro lo haces por la satisfacción personal”… Hombre… No querría yo aquí, tirar piedras contra mi propio tejado, pero lo cierto es que las satisfacciones son pocas en comparación con las penas… Qué gran comercial estoy hecha ¿eh? 

En mi caso al menos, yo creo que me mueve más la frustración que la satisfacción. Frustración por todos los perros maravillosos que conoces que se quedan detrás de unos barrotes, animales fantásticos qué tal vez nunca encuentren un hogar. A veces por los prejuicios, muchas otras por el desconocimiento. Frustración de tener que escuchar los discursos que todo aquel que de repente conoce tu voluntariado se cree con derecho a soltarte sobre lo mal que funcionan las protectoras, las perreras, la cantidad de causas más justificadas que la tuya que existen por ahí, etc, etc…   Frustración por tener que escoger entre rebatir sus argumentos y que te tachen de loca del co%o, o aguantar la chapa asintiendo levemente con la cabeza intentando no tomarte a lo personal sus apreciaciones… 

La recompensa se limita a la alegría breve del que se va a una casa, pero por desgracia, ese hueco se rellena siempre, más pronto que tarde por otro animal. Hay sentimientos buenos, desde luego, pequeñas alegrías y victorias en alguna que otra batalla. Conoces gente, haces amigos, te das cuenta de todos los muros que aún hay que derruir, pero sobre todo la satisfacción te viene de saber que los perros siempre son perros, que da igual que hayan costado una millonada o sean el más zarrapastroso de los mestizos. Te ven, te saludan, te conocen, se alegran de verte, te sacan a pasear y pasas un día estupendo fuera de tu casa, con un animal que te hace sentir como parte de su propia familia. Te encuentras con conocidos, charlas, te sientas un rato a descansar, y entonces te das cuenta de que la satisfacción, la real, la sientes porque ese bicho, que te conoce solo de verte los fines de semana, es capaz de relajarte y hacerte olvidar por un rato el desasosiego de tu vida cotidiana. Esa es para mí la satisfacción real de formar parte de este proyecto.

Este es Risti, un perro estupendo que resume muy bien los conceptos de satisfacción y frustración a los que hago referencia. 



Compañero, tengas o no suerte, yo me alegro de haberte conocido.

Actualización: Mi querido Risti falleció hoy, miércoles 4 de mayo de 2016. Justo un día después de que yo redactase este escrito. Risti, representa hoy mejor que nunca la satisfacción y la frustración de colaborar en una protectora. Hasta el momento, no había tenido la mala suerte de despedirme de un ahijado por fallecimiento, Risti, es mi primera vez. 




Compañero, nadie se fijó en ti durante todos estos años, fueron desfilando uno tras otro delante de tus barrotes y tú te quedaste allí, pero  yo te recordaré toda la vida, serás a partir de ahora mi momento más amargo, la constatación de que el karma tiene un extraño concepto de la justicia. 


Me importaste amigo, durante este último año, fuiste importante para mí, para nosotros. No fuimos capaces de llegar a tiempo, y lo lamentaré mientras tenga memoria. 

Descansa en paz, chico, ¡Hasta siempre!