27 de junio de 2016

CUCHI (EL TOPILLO)

La vida da muchas vueltas y no siempre para bien, pero no te queda más remedio que afrontarla tal y como viene. Este podría ser el resumen del planteamiento vital de mi nuevo ahijado.



Sí, tenemos nuevo ahijado porque al bueno de Sherpa la caprichosa fortuna, ha decidido poner en su camino a la familia que siempre se ha merecido. Así que crucemos todos muy fuerte los dedos para que su acogimiento se afiance y tengamos un nuevo final feliz. Muchas gracias a sus adoptantes, salga como salga éste período de prueba, por haberse fijado en él y darle esta gran oportunidad. Casi doy por hecho que Sherpa superará esta encrucijada y tendrá un retiro afortunado, pero démosle tiempo al tiempo J

Retomando, me cuesta mucho presentaros a mi nuevo ahijado primero porque sus características especiales hacen que sus posibilidades de encontrar un hogar no sean demasiado elevadas y segundo porque se parece tanto, tantísimo, a la perra que me acompañó durante 16 años, que ni siquiera yo sé como ayer tuve el coraje de devolverlo a Pajomal en lugar de empaquetarlo en el portamaletas y llevármelo a casita con la misma…




Cuchi, (lo siento por tu hermana Vero, pero el nombre no me acaba de convencer J) es un ratonerillo sandunguero, pequeño y negro, que más que de chihuahua debe tener algo de pinscher porque es un animalillo proporcionado a su tamaño. Cuchi, debe tener unos 13 años y por si esto no fuese bastante para complicar su adopción, es ciego… Todas esas características hacen que te apiades de su alma, pero el animalín no tiene esa concepción de sí mismo. No es un perro tímido, ni acobardado. Es contra todo pronóstico un animal alegre. Sale del albergue muy contento, meneando a un lado y a otro incansablemente su cola, dispuesto a marcar todos los territorios que vaya encontrando a su vera (yo incluida…) Es feliz pese a los trompazos que se va dando a diestro y siniestro y con su torpeza te hace reír sin pretenderlo… Verlo buscar incansable con el hocico al perro que hace media hora se marchó, es simpático… Observarlo olfatear al aire totalmente despistado el trozo de jamón que pende encima de su cabeza te hace sonreír. Pero al mismo tiempo lo ves tan indefenso que se te estremecen las entrañas…

Ahí donde lo veis, es un chuchillo terco, que aunque pasea estupendamente con la correa, se planta de vez en cuando en el suelo inamovible cual roca, cuando quiere cambiar de dirección. No tiene problemas con perros, con gatos o con humanos. No tiene problemas con nada ni con nadie. Es un pequeño rabo de lagartija que cuando se cansa de intentar ocupar nuevos horizontes, se resigna a sentarse a tu lado, y entonces busca el contacto humano, y se te mete debajo del brazo, y se adormece, y se tumba panza arriba para que lo colmes de caricias. Es un pequeño conquistador. Un topillo que tropieza con todo y contra todos. Un superviviente nato, que aún no ha entendido muy bien dónde está ni por qué…




Cuchi un día salió de su casa, estuviera donde estuviese, y caminando por la vida, siguiendo algún rastro, algún perro, algún humano conocido, algún hipotético trozo de jamón, cayó al río… De alguna forma, pese a su edad, pese a su ceguera, pese a todos los contras, consiguió alcanzar la orilla, y se quedó allí, acurrucado en un rincón, viendo pasar las horas con el susto metido en el cuerpo. Alguien que lo vio, lo recogió del borde del río y lo depositó en Pajomal. De esto hace un par de semanas. Nadie ha preguntado por él desde entonces.

Sabemos que ha estado en una casa, porque no hace sus cosas dentro del box, hay que sacarlo tres veces al día. Cuando sale es un perrillo alegre que sigue a quien tire de la correa, dispuesto a conocer más mundo, más gente, más perros. Cuando regresa al albergue. Cuchi no puede hacer más que quedarse inmóvil, junto a las paredes de su encierro, incapaz de orientarse, tropezando con sus compañeros. El albergue no es sitio para él, y a mí se me parte el alma de ver como en el atardecer de su existencia, su vida se desmorona, sin que yo pueda hacer nada para remediarlo.



Hay que sacar a este pobre infeliz de ahí. Tenéis que ayudarnos a salvar a nuestro topillo. ¿Hay allá fuera, en ese mundo tan grande, alguien que pueda tener un huequecillo en su casa para este pequeño-gran perro? Seguro que sí, ¡ayúdanos a encontrarlo!