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29 de agosto de 2016

EQUILIBRISTA

Soy equilibrista, o al menos intento serlo. Esta es la conclusión a la que he llegado tras releer un post publicado en este mismo blog sobre Animalismo. A mí tampoco me gusta la palabra “animalista” como definición. Así que cavilando y sin pretender ofender a nadie he determinado declararme equilibrista, y me explico:

Es muy, pero que muy complicado participar de un voluntariado sin implicarte al 100%, sin que te absorba, te obsesiones y acabes calentándole la cabeza a cualquiera que se te acerque a menos de 50 metros. Da igual que sea conocido, compañero, vecino o repartidor. Tú estás on fire, y te parece tan injusto y tan absurdo que el resto del mundo no comparta tus inquietudes que acabas deduciendo que eso se debe únicamente a su falta de conocimiento. Así que ahí estás tú, difundiendo la buena nueva a diestro y siniestro, porque estás convencido de que cualquiera que conozca los casos que le vas a exponer, se va a sentir automáticamente contagiado por tu motivación. Craso error. La saturación, consigue justamente el objetivo opuesto de lo pretendido. En realidad ese es el principal motivo por el que la gente te rehúye como a la peste. Así que muchas de tus amistades, las que más cariño te guardan, acaban por darte la razón como a los locos aunque en su fuero interno les gustaría mantenerte a una distancia prudencial, como en las órdenes de alejamiento.

Es difícil, intentar mantener la cabeza fría y despejada, conseguir asimilar que el mundo seguirá girando y que tiene que haber más vida fuera de “tu causa”. A veces, es necesario incluso, alejarte un poco, poner la mínima distancia para que la cordura te permita razonar.

En el caso del “Animalismo” es complicado. Tú conoces a esos animales, les has puesto nombre, los has ayudado a crecer, a perder miedo, a pasear, a confiar en las personas y tienes que limitarte a “esperar” a que alguien se digne a conocer a tu amigo. Es frustrante, porque todos, absolutamente todos ellos, tienen algo por lo que tú sabes que no deberían estar ahí. Pregúntale a cualquiera que colabore en una protectora qué animal considera más merecedor de un final feliz. Ponle una pistola en la sien y haz que te diga a cuál de ellos, solo a uno, salvaría. Es imposible, en serio, yo lo pienso cada vez que renuevo ahijado: Cuchi no se merece estar ahí porque está ciego, pero Risti no lo merecía porque era viejo, Sherpa porque llevaba ya 8 años, Paco y Kika no debían crecer ahí, Oni era demasiado tímido para que nadie se fijase en él, Roman y Roland habían pasado toda su vida en la protectora, Muki, sabía lo que era tener una casa. Ninguno lo merecía.

Si repasas el listado de los boxes, comienzas con un “los cachorros no deben crecer ahí”, para pasar a “los adultos son invisibles” y finalizar con un “los ancianos no merecen finalizar sus días en un box”. Sigues paseando entre los infelices que te miran al otro lado de la red y comienzas con los matices: “es que el que es grande lo tiene más complicado”, sigues con “los atigrados tampoco son muy apreciados”, continúas con “los de presa son carne de cañón”, pasas a “los perros medianos llevan su cruz por estar en el punto medio” y cuando llegas al “para el que estuvo en una casa es muy duro estar aquí” para acabar con “el que nunca estuvo porque es injusto que no vaya a conocer un hogar” es cuando te das cuenta de que has ido repasando uno a uno de los animales que pueblan el albergue.

Después de eso, no es fácil desligarte, apagar el cerebro y seguir como si nada. Sobre todo porque sabes que cuando ése, el que te ha tocado más la fibra esta vez, encuentre una casa (si es que la encuentra) raudo y veloz otro habrá llegado a ocupar su puesto.

Por eso tienes que coger aire y respirar. Repasar mentalmente las torturas que le aplicarías al desgraciado (o la desgraciada, seamos paritarios) que ha dejado en la cuneta a tu nuevo amigo no te ayuda a desconectar. He aprendido a verlo como: el desgraciado que me ha permitido conocer a este animal maravilloso, o la desgraciada que le ha dado a este pobre infeliz una segunda oportunidad sin pretenderlo.

Sé que no puedo salvarlos a todos, aunque ellos a veces me salven a mí.

Yo no soy la responsable de esa situación, pero es importante tener claro que el mundo a mi alrededor tampoco tiene la culpa. Gracias a dios quiénes mayormente me rodean son gente responsable que si tiene animales los considera una parte de su vida.

Aguantar a un ser monotemático es muy cansado para cualquiera. No importa cuál sea el tema, animales, deporte, niños, política, fiesta, trabajo, encaje de bolillos… Todos conocemos a gente cansina que te aburre con su soliloquio, no necesariamente animalista, y sinceramente yo personalmente no los soporto. Me autocensuro para no convertirme en uno de ellos. No le soy infiel a mi causa, por tener otras cosas igual de importantes en la vida: amigos, trabajo, familia, aficiones. Conseguir que todas ellas tengan el mismo peso es un verdadero trabajo de Equilibrismo.

Hoy le he robado las imágenes a dos genios del dibujo, cada uno en su estilo.

El día de Adopción a Paco Catalán, porque representa lo que es entrar en un albergue y tener que escoger solo a uno…



La tortura en Facebook a Raúl Salazar, porque efectivamente, a veces los torturadores somos nosotros :)


Recordad que tenéis oportunidad de seguir a ambos en sus respectivas redes y enlaces:



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