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31 de octubre de 2016

EL SÍNDROME DE NOÉ

El síndrome del Arca de Noé, o como se lo conoce popularmente el Síndrome de Noé, es un trastorno acumulativo que lleva a quien lo padece a recoger animales por encima de sus posibilidades. Es una variante de la patología Síndrome de Diógenes, en la que los afectados acumulan objetos y basura, con la particularidad de que en el caso que nos ocupa, la obsesión acumulativa se centra en la acaparación de animales.


ILUSTRACIÓN DE WWW.LIVEPENCIL.COM

Mientras que sobre los afectados de Diógenes, se han recabado en las últimas décadas, multitud de informes, en el caso de la acumulación de animales, hasta 2014 no aparece en España el primer estudio que intenta dar relevancia a este trastorno: 

Se tendía, por desgracia, a confundir el “amor a los animales” con su acumulación. Esta “confusión” sumada a la dejadez con que las distintas administraciones suelen tratar los temas relacionados con la protección animal, habrían derivado en verdaderos problemas de Salud Pública.

La persona aquejada del Síndrome de Noé, es un enfermo. Se calcula que aproximadamente el 2% de la población puede llegar a padecerla y aunque se desconocen las razones por las que se desencadena, si se establece relación con personas aisladas socialmente, por regla general de una cierta edad, aunque eso sí, no hay diferencias socioeconómicas entre los perfiles detectados. Se han establecido paralelismos con los trastornos obsesivo-compulsivos y en ocasiones suelen formar parte de cuadros depresivos y/o psicóticos.

El mayor problema de este trastorno es que el enfermo no suele reconocer su problema ya que considera estar salvando a los animales, lo que les puede llevar a responder con agresividad ante las demandas de rescate de los animales.

La acumulación de animales conlleva un elevado sufrimiento humano y animal. Las condiciones en las que tanto el aquejado como los animales acumulados viven suele dejar secuelas en la salud médica y veterinaria. Los animales, que pueden ser de todo tipo, exóticos, silvestres o domésticos, están en condiciones deplorables. La alarma surge habitualmente por demandas de los vecinos a la administración, bien por compasión, bien por quejas ante la situación insalubre que rodea a los aquejados. Sin embargo, el protocolo habitual en estos casos suele limitarse a procurar el rescate de los animales, olvidándose del enfermo, quien sin el tratamiento adecuado, suele volver a recaer.

Es importante la concienciación clara del trastorno y diferenciar claramente el límite que se establece entre la enfermedad y la compasión. Demasiadas veces ante estos rescates, son muchas las voces que se posicionan de parte del enfermo, pensando que efectivamente realizaban una labor social ante la falta de implicación de las administraciones. Por desgracia no es así, las personas que lo sufren requieren de atención médica, al igual que sus animales suelen necesitar atención veterinaria. Tener animales amontonados, con enfermedades varias, permitiendo que se reproduzcan a su antojo, mal alimentados y mal atendidos, no es una muestra de amor, sino desgraciadamente una forma involuntaria de maltrato.