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23 de enero de 2017

EL AÑO DEL GATO

Afinado estoy con el
Pulso del universo.
En mi calma soledad
Oigo las melodías del alma.
Por encima estoy del lugar común,
El desacuerdo y la decadencia.
Por mi capacidad de adaptación subyugo.
Doy a mi mundo el color
De delicados tonos pastel.
Compendio soy de armonía y de paz interior.
SOY EL GATO




Según el horóscopo chino, el año del gato es un año calmado y armónico… Bueno, nuestro año particular del gato, ha sido cualquier cosa menos eso, pero no seré yo quien discuta la sapiencia popular del gran gigante asiático J

Ha sido un año de gatos, de eso no me cabe la menor duda, pero también de coches... A nuestra convivencia felina, se fueron sumando nuevos invitados, primero fueron las camadas no deseadas que vuelven en primavera como las golondrinas de Bécquer, pero sin poesía… La que nos colonizó, llegó en el motor de un automóvil y de los cuatro cachorros que la formaban, Mingo, Teresa, Pinón y Telva, solo sobrevivió uno: Teresina reconvertida en Camarón. En diciembre, el final del otoño quiso darnos otra oportunidad gatuna e hizo que fuéramos testigos presenciales del atropello del pequeño Guiñapo. El destino no obstante se compadeció del animal y nos ha traído este gatucho negro en forma de regalo prenavideño.

Guiñapo ha sobrevivido contra todo pronóstico y se ha revelado como un gato dócil y ronroneador, que se lleva bien con perros y con gatos, con humanos y con todo lo que se le ponga por delante, siempre y cuando medie un buen cuenco de comida y una cama caliente.



Había tantas apuestas en su contra que aún no me entra en la cabeza como Guiñapo ha podido ganar esa partida: Sobrevivir a un atropello no es moco de pavo, pero que además resulte ser un animal sociable, adaptable a otros animales y negativo a inmuno y leucemia, nos hace pensar que el nuestro va a ser el gato negro de la suerte.

Y hoy, apenas un mes de que un coche lo arrollase, aquí está en casa, totalmente adaptado como si siempre hubiese vivido aquí, abrigado entre almohadas y cojines.

Mi tigresa de salón, aún no acaba de creerse que Guiñapo haya venido para quedarse, pero eso es otra historia de la que hablaremos largo y tendido en otro momento. Esta entrada quiero terminarla así, como en las películas americanas, dejándola en final feliz, con un pequeño gato negro encontrando su sitio entre una perra dorada y una gata parlanchina y protestona.




Se acabó, nuestro particular año del gato, en febrero, según el calendario chino, comienza el año del gallo, veremos lo que nos depara este 2017.

Crucemos, dedos, patas y garras para que sea mejor que su predecesor.

Allá vamos 2017, Bon Voyage!