6 de febrero de 2017

COMPLICARSE LA VIDA ES FÁCIL SI SABES CÓMO…

Desde diciembre, hemos ido narrando por capítulos como ha llegado el último de nuestros compañeros de piso felinos, sin embargo no nos hemos detenido como se merece en el consecuente proceso de adaptación que precisaron el resto de nuestros cohabitantes.

En noviembre, el censo animal de mi casa se “limitaba” a un representante de cada especie dentro de la cadena trófica, esto es: un perro (Nanda), un gato (Luni) y un pájaro (Jefferson alias Pollete). Introducir un nuevo miembro gatuno, ha desequilibrado el orden cósmico que reinaba en nuestro hogar, y aunque gracias a dios, no ha habido que lamentar víctimas, creo que es importante contar también esta parte de la experiencia previa a todo final feliz.

En diciembre de forma totalmente imprevista, aterrizaba en casa Guiñapo. La vida es así, encuentras siempre lo que no buscas, y Guiñapín llegó a nuestras vidas cuando nadie lo esperaba. Aunque lo he contado ya trescientas mil veces (tiendo a repetirme, no me lo tengáis en cuenta,  son cosas de la edad), contextualizo nuevamente para los recién llegados:

Guiñapo irrumpió en nuestra existencia tras un desgraciado accidente: presenciamos de forma totalmente fortuita su atropello. Milagrosamente sobrevivió y el hecho de haber sido testigos de su infortunio, inclinó a su favor nuestra implicación con su caso, así que cuando salió del postoperatorio, nos lo trajimos para casa.


GUIÑAPO

Contra todo pronóstico, los primeros días nos hicieron pensar que su llegada iba a ser idílica.

Nanda ha desistido ya a perseguir gatos dentro de casa y aunque el primer día se mostraba sorprendida por el número de felinos que contaba en el salón, está totalmente resignada a no incluir gato en su menú.

Pollete, es un pájaro extraño, demasiado habituado a convivir con animales y humanos no se impresiona con la cercanía de los felinos, lo que lo convierte en la víctima perfecta y hace que tengamos que mantener sus aposentos cerrados para evitar desgracias. En resumidas cuentas no notó el cambio.

Luni, sorprendentemente los primeros días se dedicó a acicalar con fruición a Guiñapo, lamentablemente esa aceptación instantánea le duró, lo que duran dos peces de hielo en un whisky on the rocks que diría Sabina…

El pequeño Guiñapo, se dejaba mimar por todos, en seguida se mostró como un gato ronroneador y agradecido que pese a los sustos que de vez en cuando le asestaba la perra al tropezárselo por el pasillo, en seguida comprendió que aquel animal tres veces su tamaño, no se lo iba a merendar.

Con nosotros los humanos, aprendió rápido que éramos grandes proveedores de comida y achuchones, por lo que al poco de llegar comenzó a seguirnos por las habitaciones y a saltar al sofá cuando te veía en el salón.

La casa hizo el resto. Fue su gran descubrimiento. Las camas, los sofás, los armarios, el trastero… Multitud de rincones mágicos y calientes en los que esconderse y/o retozar le hicieron pensar que había muerto tras su encontronazo con el coche y se encontraba en una especie de paraíso. Toparse un cuenco en la cocina, que se llenaba mágicamente cada vez que se vaciaba, le hizo reconciliarse con la raza humana. Saber que además contaba con un comedero de repuesto cuando finalizaba el suyo, lleno a rebosar de comida para perro, hicieron que Guiñapo no dudase que se encontraba mejor con sirvientes humanos en casa, que libre pero sin servicio en la calle.

Todo fluía armónicamente, un nuevo gato, sociable y cariñoso que es aceptado por los componentes animales de la casa, era algo demasiado bonito para ser verdad.

A la semana de su incorporación, Guiñapín, que no deja de ser un cachorro, empezó a sentirse fortalecido y adaptado, y con su adaptación y mejora, llegaron sus ganas de juerga… Guiñapo es un gato de menos de un año, Luni una gata repunante de más de 10 años… La colisión estaba a punto de implosionar, e iba a llevarse por delante el falso equilibrio de nuestro hogar.

 Guiñapo solo quiere jugar y Luni que la dejen dormitar al sol o en la cama. El gato, como todos los cachorros es inasequible al desaliento, e ignora totalmente los bufidos de la gata. La persigue, la acosa, la agota. Tuvimos que separarlos no por agresividad, si no porque los intentos de comenzar un juego de Guiñapo dispararon el estrés de Luni.

Mi pequeña gata, que se las había prometido felices en su jubilación, se encontró de repente con un intruso que no la dejaba disfrutar de sus 18 horitas de sueño…
No os diré más que se puso mala… Su nivel de estrés hizo que sus defensas bajasen y enfermase. Pese a todos nuestros esfuerzos, la separación de la vivienda, el establecimiento de nuevos areneros, cuencos de comida y agua, nuestro esfuerzo por reforzarle el cariño para que no se sintiese desplazada, no sirvieron de mucho ante el cambio…

No es grave, está mejorando, tanto a nivel físico como emocional. Casi dos meses más tarde comienza a asimilar que ese bicho tan molesto ha llegado para quedarse. Atrás quedaron ya esos primeros momentos cuando lo acicalaba. De momento solo ha conseguido llegar a una tregua durante la noche, momento en que cuando la pila de Guiñapo se agota y se deja caer en tus brazos, no le importa dormir prácticamente juntos, los dos en cuello, en el mismo sofá y tocándote.

Luni, no llega a odiar a Guiñapo, pero estoy segura de que si supiese abrir la puerta o la ventana lo ponía de patitas en la calle. Gracias a dios no se han vivido momentos de agresividad, no lo ataca, solo lo rehúye… Aunque nosotros confiamos en que la convivencia felina siga estabilizándose.

De esta nueva experiencia vital no buscada, extraigo las siguientes conclusiones:
-          Existe la creencia de que es preferible tener dos gatos para que se hagan compañía mutua. La recomendación general es que para favorecer la convivencia se trate de animales de distinto género y que se tenga en cuenta el carácter del gato original antes de introducir un segundo si es que la introducción de los dos animales no se hace al mismo tiempo.

Mi experiencia personal me dice lo siguiente:
  • -       Además de tener en cuenta el género y el carácter del animal que ya tenemos en casa, yo os recomendaría a cualquiera de vosotros que estéis pensando en incorporar un nuevo felino en vuestro hogar, que tengáis en cuenta la edad. Los animales en función de su etapa vital tienen diferentes necesidades. La adaptación en nuestro caso hubiera sido mucho más sencilla si se hubiese tratado de un gato adulto en lugar de un cachorro.
  • -  Poned especial atención a vuestro gato “primogénito”, los cambios les producen mucho estrés hasta el punto de generar bajadas de defensas en su sistema inmunitario.
  • -    Armaos de paciencia, muuuuuuucha paciencia, que la llegada no sea de cuento de hadas no significa que no puedan alcanzar el nirvana en la convivencia, pero se precisa de tiempo y dedicación.
  • -     Planificad de qué forma podréis mantener a ambos animales aislados pero con todas sus necesidades cubiertas.
  • -  Nunca dejéis de lado a vuestros gatos primogénitos, es preciso que mantengan sus privilegios originales para que no se sientan desplazados, pensad que al igual que les ocurre a los niños con la llegada de un hermano menor, estamos hablando de pequeños príncipes destronados.


Y esto hay, seguiremos informando J