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13 de febrero de 2017

DESAHUCIADOS

Desahucio, horrible palabro que ha adquirido tintes dramáticos en los últimos años a cuenta de la crisis… No voy a hablar de la burbuja inmobiliaria, de la PAH o de Ada Colau. Ni siquiera, aunque merecerían que alguien se detuviese al menos a repasarlo, del índice de suicidios vinculado con las prácticas de desalojo bancarias y judiciales. Hoy quiero hablar de un suceso que por desgracia no está vinculado a la coyuntura económica, quiero hablar de desahucio animal. 

¿Sabéis? Hay un considerable porcentaje de animales que llegan a las protectoras desahuciados a la vejez. La muerte o enfermedad del dueño conlleva el desalojo forzoso de estos perros y gatos que toda la vida han formado parte de un hogar. Su adaptación a los albergues no es sencilla. No entienden qué ha pasado con su humano, su casa, su rutina. No saben por qué de repente la vida les ha dado la espalda ni qué horrible delito han cometido para ser confinados en cárceles. 

Antes de que os lancéis al improperio fácil, deteneos a pensar por un momento en la gravedad de una situación con la que podemos encontrarnos cualquiera. Me refiero a que por desgracia cualquiera de nosotros, hoy está aquí, y mañana no, indiferentemente de la edad con la que contemos. Hay cientos de circunstancias que no hemos previsto que pueden cambiar radicalmente nuestra existencia, o incluso nuestra no existencia. 

No estoy convocando a la parca, no quiero ser agorera, ni pájaro de mal agüero, pero si recapacitamos sobre ello, efectivamente en esta lotería vital, cualquier puede ser el infortunado agraciado. Si fallecemos, ¿qué narices será de nuestros perros y gatos?, yo no lo quiero ni pensar, pero es una realidad que está ahí. Efectivamente nosotros somos dos, pero y si redundando en nuestra desgracia, desaparecemos ambos de la faz de la tierra, ¿qué será de mi Nanda, de mi Luni, del Guiñapo, de Pollete? ¿Pondría yo la mano en el fuego porque nuestros familiares se harían cargo de los mismos?, o como muchos otros infelices ¿acabarían sus días en la misma jaula de la que hace tanto tiempo salieron, en principio para no volver?


MAX, en adopción  tras fallecer su dueño. Contacto: adopciones@amigosdelperro.org

Horroroso tema para empezar una semana ya lo sé, pero evitarlo no hará que desaparezca… Siempre he pensado que si tuviese dinero dejaría en mi Herencia una cláusula obligando a mis herederos a hacerse cargo de mis animales si quisieran disfrutar de mis bienes, pero como soy pobre cual rata, no tengo siquiera condiciones que imponer con mi fallecimiento…

Es un tema complejo éste que daría para reflexionar largo y tendido, aparte de por las implicaciones emocionales, por la falta de previsión y de infraestructuras en materia animal. ¿Os habéis fijado que apenas existen Residencias de Ancianos que permitan la convivencia de sus huéspedes con animales? Aunque son muchos los estudios que insisten en la terapia con animales en el caso de enfermedades degenerativas como el Alzheimer o la demencia, son pocos los centros que permiten llevar a la práctica esas teorías.

La implantación de Centros Geriátricos en los que se aplicase la Terapia y Educación Asistida por Animales de Compañía, permitiría reducir considerablemente el número de desahuciados de gatos y perros domésticos.
Aunque estoy segura de que la sociedad continuará avanzando en materia animal y que con los años seremos testigos de estos avances, en la práctica tendremos que seguir aceptando lo que hay y buscar una solución individual a cada uno de los desahuciados que lleguen a nuestras manos tras el fallecimiento o internamiento del dueño.

Las formas de contrarrestar esta situación son principalmente dos:

- Promover la adopción de los animales desahuciados teniendo en cuenta su mayor adaptación a la convivencia familiar por haber sido previamente educados y haber habitado en pisos o casas.

- Facilitar a nuestros mayores, la convivencia animal mediante la acogida de animales de más edad. 

A menudo para paliar la soledad de la vejez se incorpora en la vida de un anciano un gato o un perro, pero equivocadamente les hacemos adaptarse a la vida animal mediante cachorros. Los cachorros son adorables qué duda cabe, pero a su mayor nivel de actividad a veces incompatible con el del humano, se suma la mayor esperanza de vida que puede acabar desembocando en un desahucio animal.

Si vas a introducir en la vida de tus padres o abuelos un animal, ten estos aspectos en cuenta: ¿has pensado que ocurrirá con el animal si su legítimo dueño enferma o fallece?, ¿Estás dispuesto a asumir su responsabilidad en los casos mencionados?, ¿has pensado que quizás un cachorro genere estrés por su mayor nivel de actividad?, ¿nunca te has planteado la posibilidad de introducir un animal adulto de ritmo más sosegado y carácter definido?

Reflexionad sobre ello, la próxima vez que animéis a alguien a tener un animal de compañía y mientras tanto, ¿nos ayudas a difundir a nuestros queridos desahuciados?

Si queréis echarle un vistazo a los estudios que hacen hincapié en la terapia con animales, podéis consultar esta página:


Y como no, la de la Fundación Affinity siempre a la vanguardia de las necesidades de los animales de compañía y su papel en la sociedad: