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12 de octubre de 2020

Flora y Fauna del parque de perros VI: El cansino

Seguro que a estas alturas estáis pensando que esta obsesión mía con los parques de perros no es ya ni medio normal. Es cierto, pero entendedme, desde mayo no hago otra cosa que visitarlos diariamente. A estas alturas, podría tener hecha casi una tesis doctoral en dueñología si tal especialidad existiese.

Hoy voy a hablaros de un perfil que me da una tirria especial: El cansino. Ojito que no me refiero a educadores, etólogos y/o adiestradores de verdad. Es decir gente capacitada a la que uno le pide ayuda ex profeso. Aquí vengo a hablar de ese dueño que es como tú y como yo, un tío con perro sin más, aunque él se crea un experto perrólogo. Hoy vamos a hablar del cuñadismo aplicado al mundo perruno. De los babayos vamos.

Seguro que conocéis a alguien que continuamente os da lecciones gratuitas de cómo manejar a vuestro perro, sin tener él ningún conocimiento que le habilite para tal fin y lo que es aún peor, estando su perro todavía más asilvestrado que el vuestro. 

También os digo, que a mí estas cosas con Nanda no me pasaban. No es porque estuviera excelentemente educada, sino porque mi perra no era muy amiga de los perros y por tanto eran pocos los dueños con los que yo estaba obligada a coincidir. Frixuelo es harina de otro costal, él necesita socializar y yo me veo obligada también a hacerlo. Además, como les pasa a los padres con sus hijos, tu perro no siempre hace buenas migas con el perro del dueño que mejor te cae. A veces, te ves obligado a socializar con gente a la que ni saludarías por la calle. No tienes nada que ver con esa persona, pero tu querido can ha decidido que su perro, precisamente el suyo, es el que más mola del mundo mundial. Así que tú haces de tripas corazón y te dedicas a hablar del tiempo con esa persona que tienes en frente a la que lo único que te une es la cercanía del mismo parque de perros a vuestros respectivos domicilios. 

No pasa nada, todos tenemos lugares de socialización en los que tenemos que relacionarnos con gente a la que nosotros no hemos elegido: la comunidad de vecinos, el trabajo, los estudios y un sinfín de situaciones en las que nadie te pregunta con quién quieres ir. No soy sociópata; o al menos aún no; o no del todo; puedo perfectamente estar horas hablando de la nada con conocidos e incluso extraños, pero con lo que no puedo es con esa gente que se dedica a organizarte la vida. No puedo, lo reconozco, es superior a mí. Debería simplemente asentir, sonreír a la nada y repasar mentalmente la lista de la compra mientras me hablan, pero no suelo hacerlo, me puede la neura y acabo discutiendo con alguien a quien no conozco de nada, de algo que normalmente ni me va, ni me importa. Gilipollas Tonta que es una. 

Forges "Cuñadismo". No sé dónde publicó originalmente la viñeta, me imagino que en El País, pero yo la saqué de Pinterest.

En el parque de perros me enervan especialmente esos perfiles que creen que porque se suscribieron a Todo Perro cuando se hicieron con su animal, ya son reputados educadores. Te dicen, no, pero tienes que llamarlo así. O no pero mira sujétalo. O no lo dejes hacer eso o aquello. Y tú sabes que tu perro es una pequeña cabra loca, pero ves al suyo comportarse como un miura subiendo la calle la estafeta, y te parece que debes de estar en un programa de cámara oculta y tú en la tele con estos pelos. 

Que sí, que sí, que su intención es buena, sí por los collons, pero en realidad, entrometerse en la educación o la gestión que otro hace de su vida o su familia, mascotas incluidas, no suele deberse a una irrefrenable generosidad, si no por una mal entendida posesión de la verdad y/o una tendencia no solo a dar su opinión sino también a pretender imponerla (si lo sabré yo, que de esto peco mucho). Si nadie te lo ha pedido, no opines sobre mí o sobre mi perro, si consideras que el animal te está molestando sí, por supuesto, pero eso es un toque de atención, no una clase magistral. Pide permiso, pregunta, no avasalles. 

Os pongo el caso práctico, cuando salimos del confinamiento, mi perro estaba tan acostumbrado a tenernos a su disponibilidad 24/7, que sencillamente se negaba a quedarse solo. Su forma de rebelarse contra la desescalada, consistía en ladrar cuando se quedaba en casa. Yo mira que he tenido perros, pero hasta el momento no había tenido ese problema. Debía de ser la única, porque todo el mundo en la calle sabía como manejarlo menos yo. Nada, eso vas acostumbrándolo poco a poco. Pon una cámara. Cómprale un kong. Déjale algo de tu ropa. Dale un premio que le guste mucho antes de irte. Abre y cierra la puerta de casa muchas veces... Y un sinfín de lugares comunes que figuran en todos los artículos sobre perros que pueblan la blogosfera. A ver, que yo también se leer, pero mi perro se ve que no. Todo el mundo tenía la solución, menos una humilde servidora, que se ve que es más tonta que la media.

Os lo voy a resumir así: con los perros, como con todo en la vida, consejo no pedido, consejo mal recibido. Chispum.