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31 de agosto de 2020

Flora y Fauna del parque de perros IV: La señora bien

Puff, la señora bien... No debería yo hacer demasiada caricatura de este perfil, porque en un claro ejemplo de un Al platu vendrás arbeyu de manual, hasta yo misma me doy cuenta de que estoy apenas a una década de convertirme en una de ellas. Aunque también os digo: Ojalá que no.

Las llamo señora bien, porque ni siquiera yo sé como denominarlas sin caer en el insulto. Señoras bien, es una definición inexacta, algo que pretende ser irónico, pero que ni lo consigue, ni describe su realidad. Cuando digo "bien", no me estoy refiriendo precisamente al dinero o a la clase social, sino a una actitud altiva y estirada, la de esas mujeres que van con su perro patada en el cuello y no permiten que se les acerque ningún otro animal (ni ser humano) en cincuenta metros a la redonda... Ojo no confundir este perfil, con esas señoras de mediana edad que también tiene perro, para más señas pequeño, con las que te cruzas habitualmente en el parque. 
Para aprender a distinguirlas aquí van unas sencillas claves (o tips como dicen los modernos): 

- Si son majas y te hablan, no son una de ellas. 
- Si permiten que tu perro le olisquee el culo al suyo, por supuesto que tampoco.
- Básicamente si no os mira a ti y a tu perro como si fuerais algún tipo de bicho infecto, al que habría que hacer desaparecer, definitivamente no estarías ante una de ellas.

Yorkie de Freepik. No tengo nada en contra de la raza, pero su pequeño tamaño lo hace ideal para acompañar a este tipo de señoras y señoros


La señora bien, es un caso curioso porque no se trata de  una persona perrofílica, sino de un claro caso de perrofobia encubierta. 

Ellas tienen perro sí, pero, ¿qué tendrá eso que ver?. El suyo, es perro por mala suerte, pero sabe comportarse y es tan guapo y listo que es casi, casi como si fuera humano. Eso lo diferencia claramente de esos esos otros chuchos, el tuyo entre ellos, sacos de pulgas, que campan por ahí a sus anchas. 

Sus perros, apenas micionan o manchan, porque están educados, no como los otros, los tuyos, que son una fuente continua de deshechos antihigiénicos y vector de contagios de sabe dios qué nueva pandemia mundial. 

Sus perros nunca molestan, solo ladran, si acaso, para alertar a su dueña a la que tanto adoran, de la existencia de algún ruido o persona indeseable. Son los otros, los tuyos insisto, lo que no paran de ladrar con el único fin de molestar y destrozar los nervios de los vecinos. 

Sus perros nunca muerden, solo enseñan los dientes porque los molestan, son las otras bestias, sí, sí, la tuya incluida, las que están sin civilizar....

Las señoras bien, son esas mujeres, que no dejan que sus perros se relacionen con sus semejantes. Se excusan en su pequeño tamaño, en su delicadeza o en la barbarie de los otros. Son las que te amenazan con llamar a la policía si haces el amago de soltar a tu perro, o si tienes la mala suerte de que tu animal se acerque a intentar jugar con el suyo. 
Normalmente sus pobres chuchos, están sin socializar y acaban teniendo un carácter tan impertinente como el de sus dueñas, y esa suerte tienen, porque ¿os imagináis vida más desgraciada que la de un perro que queriendo salir, correr, socializar y saltar, no le dejan siquiera posar las patas en el suelo?

Las señoras bien, son en definitiva  contradicciones andantes. Gente a la que le gustaría que los perros no existieran, si no fuera, por el pequeño detalle de que a ellas solo las aprecian los suyos. 






14 de agosto de 2020

Flora y Fauna del parque de perros III: El converso

El converso es uno de esos perfiles que solo identificas si ya lo conocías de antes. Solo ese conocimiento previo te permite apreciar la profunda transformación de esa persona que antes sentía prácticamente animadversión hacia los chuchos y ahora ha adoptado como lema vital un claro y conciso No sin mi perro.

Los perrófilos conversos, como los ex fumadores, mantienen un discurso y una actitud tremendamente radicalizadas. Ahora, no entienden por qué su perro no puede acompañarlos a la playa, al centro comercial o sencillamente campar a sus anchas por un parque. Ellos que apenas meses antes de la llegada a su vida de su perro, hubieran disparado sin dudarlo contra cualquier chuchillo, que se hubiera alejado más de metro y medio de su dueño. 
Ellos, los mismos, de repente ponen el grito en el cielo por los escasos espacios destinados al uso y disfrute de los cánidos. Son lo que viene siendo un De puta arrepentida, líbrame señor, Donde dije digo, digo Diego, pero de manual. 

Esto no siempre ocurre, claro. Hay gente a la que no le gustan los perros que jamás tendrá perro. Esos se mantienen coherentes en su actitud que no siempre tiene por qué ser canicida. Algunos sí son perrofóbicos y pese a lo mucho que en ocasiones su enarbolamiento de la bandera del respeto y la libertad, me saque de mis casillas, no tengo más remedio que tolerarlos. 
Los que me dejan ojiplática, son estos otros, los perrófilos conversos, aquellos que no entendían cómo estaba permitida simplemente su tenencia en entornos urbanos, y su cuasi mágica transmutación en el más forofo de los dueños.

Imagen Dog Lover de Freepik

Yo tengo una amiga que está en esta línea de pensamiento converso. Supongo que ella no se acuerda de cuando nos recriminaba que tuviéramos derecho a tener perro por la mera la existencia de deposiciones en la vía pública. Según su argumentario a nosotros los perrófilos eso no nos molestaba, probablemente porque con nuestro radar antiminas podíamos esquivar los excrementos, no como ella y sus hijos que invariablemente los pisaban. 

Hoy a falta de uno tiene dos perros. Sus vástagos son mayores y han sido sustituidos por sus queridos hijos peludos. Hoy entiende lo que jode molesta, que te echen en cara que hay dueños de perros que son unos cerdos, y no solo eso, sino que es capaz de plantarle cara al primero que se lo insinúe por el simple hecho de vivir con dos. 

Yo asisto encantada, y alucinada, a su conversión, y la acojo en los brazos de la comunidad perrófila, pero me deja tan loca esta polarización de su discurso, como la de los que se pasaron de las filas del partido comunista a formar parte de la "intelectualidad" de la derecha más cerril. 

Los extremos dicen que no son líneas paralelas, sino perpendiculares que no solo se tocan, sino que hasta se cortan, y oye, viendo lo visto, al final va a ser hasta verdad...