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21 de julio de 2017

¡ME LLAMO GODO Y SOY PELUDO!

Hola amigos. Mi nombre es Godo y como ustedes se imaginarán soy un perro.




A mis 15 años, mi historia comienza a parecerse a la de los músicos de jazz, en que realidad y leyenda se entremezclan de manera inseparable. Siendo imposible discernir nunca más entre ambas. 

Si alguno de ustedes ha visto "Acordes y desacuerdos" de Woody Allen, ya saben a qué me refiero. Y si no la han visto, permítanme que se la recomiende encarecidamente.

Podemos decir, que pasé por el albergue de Pajomal cuando tenía unos dos años, y que enseguida me adoptaron, porque aunque esté feo decirlo soy un guaperas. Me fui a vivir al occidente asturiano, donde pasé muchos años. 

Pero lamentablemente, volví con 14 años a Pajomal, descuidado, abandonado y con un "precioso" prolapso, que había que operar de inmediato.

Gracias a Amigos del perro, que me operó y me buscó una familia de acogida que me cuidó y otra que terminó adoptándome, hoy soy un perrín feliz que disfruta de su jubilación de oro.

Desde aquí quiero agradecer y mandar un afectuoso saludo a todos los que se preocuparon por mi, a ADP y en particular a Lola por rescatarme, a  Rebeca y Pedro por cuidarme tras la operación, a los trabajadores de Pajomal por ocuparse de mi, en especial a Vero por proponerme para ser acogido a Cris y Sergio, a los voluntarios por sacarme de paseo y darme mimos, a Gema de BtAstur y resto del equipo por su buen hacer y a mis adoptantes por mimarme y cuidarme como me merezco.

Muchas gracias a todos. Saludos perrunos del Señor Godo.

¡Hasta pronto familia!





19 de julio de 2017

TROY RESPONDE: ¡CINCO AÑOS!

Ayer celebramos nuestro quinto aniversario, mi humana y yo. Cinco años juntos, que han pasado en un vuelo. Desde que llegamos a casa, muertos de calor, directos los dos a la ducha, han cambiado muchas cosas. 

Cuando llegué era un peluchón de un año, aspiraba la comida y luego, claro, vomitaba ¡había pasado tanta hambre!; me entusiasmaba por todo, todo era nuevo, pero también me asustaba por todo, estaba siempre nervioso, eléctrico, iba pegado a los pies de mi humana no fuera a desaparecer o algo, y la primera vez que me dijo "¡Troy, no!" me agazapé pegado a la pared escondiendo la cabeza.

Pero poco a poco me fui dando cuenta de que no pasaba nada, que había llegado para quedarme, que aquella era mi casa y los otros perros sólo venían de visita, igual que los humanos, que eran amables conmigo y me hacían mimitos y me decían cosas, muy majos los amigos de mi humana, excepto el de las rastas, que tenía muchísimos perros en su casa y yo creía que se quería quedar conmigo también, así que no dejaba que me cogiera, no, no, ¡ni hablar!

Organicé unos cuantos desastres, destrocé bastantes cosas, pero no porque quisiera hacer travesuras ni maldades, es que no sabía aún qué cosas podía hacer y cuáles no. Fui aprendiendo, y ahora no importa si mi humana deja algo a mi alcance o en el suelo, yo ya sé que no se toca.

Me gustaría que todos mis colegas que siguen esperando un hogar tengan la suerte de encontrar una familia en la que integrarse, donde les expliquen las cosas con paciencia, y les den seguridad y cariño. En realidad, me gustaría que todos los perros del mundo tuvieran humanos que usen cariño y comprensión para tratar con ellos, en lugar de gritos, golpes y abusos. ¡Los peludos necesitamos tan poquito y damos tantísimo a cambio!

Bueno, pues eso, que ya llevamos cinco años juntos, mi humana y yo, tan felices 😃