Hace unos días mi humana salió de casa muy apresurada y volvió con un perro muy grande, muy marrón y muy tranquilo. A mí no me hizo ninguna gracia, eso de que entren en casa perros sin su humano no lo llevo, siempre me da un poco de miedo que vengan a sustituirme. Pero mi humana me riñó por ladrarle y lo llevó a la sala. El visitante se tumbó en el sofá como si estuviera en su casa, y ella le trajo agua y salchichas y un filete de pollo. Menuda piraña, ¡no dejó ni las migas! Al rato llegó otro humano, uno que conozco porque cuando pasa en su coche azul saluda a mi humana, y a veces se para y también me saluda a mí. Además, va vestido del mismo azul que el coche. Le pasaron por encima al visitante un aparato de esos que pitan cuando te lo acercan al cuello, lo llaman “lector de chips”, y pitó. Los humanos se pusieron muy contentos, y al rato llegó otro humano, que al parecer era el del perro visitante, porque saltó todo emocionado del sofá y se abrazaron y se hicieron mimos. Es...
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