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Paca y Tola

La semana pasada recogíamos la historia de Petra y Perico, dos esbardos que en los años 50 tras quedar huérfanos en Somiedo, pasaron a habitar una jaula en pleno centro de Oviedo. Los oseznos se convirtieron en parte del imaginario colectivo ovetense de aquellos años, por eso aunque desde la distancia nos parezca una salvajada recordar a la pobre Petra tras sus barrotes en medio del parque San Francisco, no podemos evitar esbozar una sonrisa si esa misma osa comiendo barquillos, pertenece al mundo invertebrado de los recuerdos de nuestra infancia.   Paca y Tola en 1989 en el centro de recuperación de Fapas. Fuente El Blog de Acebedo Digo esto, no porque yo recuerde a Petra y a Perico, en realidad yo ni soy de Oviedo ni había nacido siquiera cuando Petra murió en 1976, pero me puedo poner en lugar de los ovetenses de aquellos años, porque similar paradoja emocional me produce a mí pensar en Paca y en Tola. Casi cuarenta años después del acogimiento de Petra y Perico...

Los osos del parque San Francisco: Petra y Perico

La verdad es que esta entrada bien podría haberla titulado cómo hemos cambiado , pero mejor, yo os cuento quiénes eran Petra y Perico, y ya vosotros si eso sacáis vuestras propias conclusiones. Básicamente para todos los que no somos de Oviedo, y probablemente para gran parte de los ovetenses nacidos a partir de 1976, Petra y Perico, son tan solo dos nombres anacrónicos. Connotaciones diferentes tienen para los que rozan la cincuentena, que son quienes conocen a los osos a los que me estoy refiriendo. Para el resto, profanos todos, os cuento: Allá por la mitad del siglo pasado, para ser más precisos en su ecuador, en el año 1950 un cazador en Somiedo mató a una osa. Parece ser que la osa cayó en un lazo y según las crónicas de la época el bestia del cazador, remató al animal palos, que ya hay que ser bárbaro… La matase como lo hiciera, aquella osa tenía dos esbardos , una hembra, que pasó a denominarse Petra y un macho, que durante su corta vida se llamaría Perico. Ambos osezn...