A las muy buenas, como os contábamos la semana pasada, un poco contra nuestra voluntad tuvimos que hacernos con una cámara de seguridad doméstica para vigilar a Frixuelo durante nuestras ausencias laborales. Nunca me ha importado que mis animales campen a sus anchas por mi casa, que al fin y al cabo también es la suya, pero Frixuelo tiene unos antecedentes ladradores que podrían hacer tambalearse la convivencia vecinal de todo el edificio. Por ese motivo lo dejábamos encerrado en el salón en un intento de evitar que se acercase a la puerta a contarle a todo el mundo lo disgusto que está con su abandono. Así hicimos durante un año y medio cada vez que hemos salido de casa dejándolo atrás y hasta entonces esta técnica había "más o menos funcionado" hasta hace tres semanas, cuando Frixuelo decidió que un picaporte no era suficiente para separarlo de nosotros y sencilla y llanamente abrió la puerta. Bueno, sencilla y llanamente no, entre que la abrió y no, la dejó como par...
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