Hace una semana que la foto de un pequeño ahogado en la playa dio la vuelta al mundo revolviendo las entrañas de occidente. Ese pobre niño y su impactante imagen varado en la orilla, han servido para remover conciencias de la población de a pie y para destapar las cloacas que algunos, comunicadores y políticos incluidos, tienen por boca. Nos rasgamos las vestiduras pensando en lo inmoral de la foto, sin darnos cuenta que la imagen ha trascendido de su cuerpo para convertirse en el símbolo de la injusticia y el éxodo. Como todos, he leído en los últimos días muchas noticias y artículos acerca de Aylan, pero uno de los que más me ha impactado ha sido el editorial de esta semana de El Jueves. No había reparado hasta ese momento en que probablemente las toneladas de empatía de los europeos, vienen determinadas porque pese a que estamos acostumbrados a despertar con imágenes de muertos de todas las edades en el estrecho, ese niño podía haber sido “uno de los nuestros”. Un niño pequeño,...
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