Bueno pues nada, lo he vuelto a hacer, irremediablemente cada dos o tres años, se me cruza en el camino un pollo a medio criar, y hasta el momento no he sabido decirle al destino que no. El “afortunado” éste año ha sido Mariano , el pollo de gaviota, que acompaña estas líneas. Me tropecé a Mariano la semana pasada, yo regresaba a mi casa por la tarde y él huía de unos perros que lo seguían curiosos. Hacía calor (calor para ser Asturias, entendámonos) y cuando vi que el pollo no volaba, pensé, bueno anda, pues qué le vamos a hacer, llevémonos al gavioto, y que sea lo que dios quiera . Así que diez minutos y un escándalo más tarde, el pollo y yo aterrizamos en casa y nos exiliamos en la terraza. Dos perros, dos gatos y un pollo de gavioto podría ser el título de una snuff movie y no pretendía ser yo quien la grabara. Mariano está físicamente bien. Es un pollo volantón, he leído en internet que a los 35-45 días ya vuelan y él está casi-casi en esa “franja de edad”. Supongo que...
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