Cuando la deshonra juega en casa Leo en una web que la vergüenza ajena produce en nosotros las mismas reacciones psíquicas y neuronales que la vergüenza propia. Desde pequeños hemos aprehendido las connotaciones culturales de este sentimiento por lo que hemos interiorizado lo que nos causa (o debería causar) vergüenza y lo que no. Entendemos por vergüenza el desagradable estado que una determinada situación nos produce y que hace que nos sintamos separados o distintos de otras personas. La vergüenza no es más que un modo de empatía. A la inversa, pero empatía al fin y al cabo. Podemos sentir empatía hacia otra persona cuando sufre o cuando hace el ridículo, y de una forma absurda, empatizamos con su vergüenza cuando hace algo reprobable a nuestros ojos. Y aquí viene el meollo de la cuestión: Durante el año 2013 “ solo” en Gijón se recogieron en el depósito municipal 591 perros. Y ahí está otra vez esa sensación de oprobio atenazándome la garganta. 188 de los mism...
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