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22 de enero de 2018

PANEGÍRICO

Hace diez años cuando Javi, Scrappy y yo aterrizamos en las Meanas, Pili ya estaba allí. Pili, junto con otros muchos formó la primera pandilla perruna con la que compartimos muchos paseos y horas de parque.

Hace una semana, Pili apareció muerta en casa, vivía sola, no tenía familia, o mejor expresado hacía muchos años que su única familia la componían sus perras. Cuando falleció ya solo tenía una, pero cuando nosotros la conocimos aún eran dos: Grace y Compy, madre e hija.

Escribo esto, porque para mí, como para muchos otros avilesinos, fue un shock descubrir en el periódico su muerte. 

Pili era una mujer peculiar, trabajó durante más de treinta años en el Hospital San Agustín, como auxiliar de enfermería en el servicio de urgencias, pero hacía ya once años que estaba jubilada. Su retiro, lo pasó en el parque de las Meanas. Creo que no me equivoco si digo que todo aquel que haya pasado alguna vez por las Meanas con su perro, la conocía. Ella adoraba los perros, los suyos y los ajenos, y siempre tenía alguna caricia para todos ellos, indiferentemente de su tamaño o raza.

Le encantaba “alternar” y no era extraño tropezártela en los bares que rodean las Meanas, el Viena, el Alvi, o el Marvi. Fue de hecho su ausencia durante dos días la que puso a vecinos y hosteleros en alerta. Cuando la policía entró en su casa, se confirmaron los temores de quienes la habían avisado.


PARQUE DE LAS MEANAS, AVILÉS

Yo compartí muchas horas con Pili principalmente en el parque, pero ocasionalmente también en la terraza de un bar. Allí compartimos cigarrillos y alguna que otra cosa más fuerte que un café.

Tengo en el cerebro, que no en la memoria, retazos de alguna de aquellas conversaciones. Ella recordaba como era el entorno del parque cuando había llegado a Avilés con su familia proveniente de País Vasco, pero no retuve correctamente su intrahistoria. Solo recuerdo referencias al tren en el que creo que trabajaba su padre, a los primeros perros que tuvo (¿un galgo blanco?) y alguna que otra idea suelta. Me hubiese gustado recordarlo, ser capaz de reescribir su historia, para que el último recuerdo que de ella quedase en internet, no fuese el trágico hallazgo de su cadáver en la soledad de su casa. Pero no puedo.

Pese a lo que muchos pueden haber creído al leer su final en el periódico, Pili estaba soltera pero no sola. Hubo gente que la echó en falta, su presencia no pasaba desapercibida en su entorno.

Cuando la encontraron, Grace (yo siempre pensé que el nombre era Grey…) la pequeña mestiza que la había acompañado durante más de diez años, estaba a su vera. No sé a ciencia cierta que ha sido de la perra, pero creo que una de sus amigas se la quedó. Espero y confío en que así sea.

Escribo esto Pili querida, porque me hubiese gustado despedirme correctamente de ti. Pero como siempre pasa con la muerte, se presenta esta sin avisar, sin llamar a la puerta. Brindaremos en tu memoria la próxima vez que nos sentemos a tomar algo en tu bar preferido.


Descansa en Paz, Pili, quienes te conocían cuidarán de Grace en tu ausencia.