23 de mayo de 2016

GATOS CIEGOS

Mi gata es ciega. O bueno, para ser más exactos, prácticamente ciega. Ni yo ni el veterinario sabemos a ciencia cierta qué le ocurrió, probablemente sea consecuencia de un golpe. Sea como fuere, lo cierto es que Luna no ve tan bien como se espera de los de su especie. Luna, tiene las pupilas permanentemente dilatadas, cuando llegó a casa, ya las tenía así, pero no es algo que se aprecie a primera vista. Luna tiene un comportamiento y una vida normal, no necesita de atenciones especiales. Se guía por el olfato y el oído, conoce perfectamente todos y cada uno de los rincones de su hogar y solo se tropieza con los muebles o las paredes cuando la perra la aturulla por el pasillo. En esos momentos la gata se chiva y protesta, y la perra finge pasar casualmente por ahí. Es su venganza particular, yo creo que Nanda se sonríe por lo bajo cuando la hace chocar contra el dintel de la puerta. No pasa de ahí. La gata se la guarda y cuando la perra confiada, horas más tarde se le pone a tiro desde el sofá, lanza la pata y la abofetea en el focico.  Son sus discusiones habituales de convivencia.




La gente se sorprende la primera vez que ve a Luna y le dices que es ciega. Ella no se asusta con facilidad ni suele huir de las visitas, en líneas generales suelen gustarle las novedades, así que cuando tiene público despliega su mejor cara, ronronea y se deja querer por los huéspedes. Es su forma de hacer teatro, habitualmente no es tan cariñosa, pero cuando hay visitantes le gusta fingir que lo es. En casa estamos convencidos de que algún año la nominarán para recibir el Max de Artes Escénicas.



Luna no tiene problemas de adaptación, ni fue más costoso introducirla en casa de lo que habría sido en caso de que no fuese ciega. Cuando cambia de localización, necesita que la dejes introducirse despacio en cada habitación, busca el agua y la comida, identifica la letrina y el radiador o la ventana por la que entrará el sol y ya está lista para su nuevo entorno. En seguida se crea el esquema mental de los obstáculos que tendrá en el camino y es extraño que se tropiece si camina a su ritmo. Es cierto que no suele utilizar la totalidad de la casa, ella planta su campamento base en el salón, porque sabe que es donde más tiempo pasará acompañada y el resto de los rincones los deja sin prácticamente colonizar. Es como todos los animales, un bicho de costumbres. Si te viene a buscar al recibidor, puedes estar seguro de que es porque llegas muy tarde. A Luna no le gusta estar sola, y como en un principio leí que era recomendable dejarle puesta una tele o transistor para que se orientase, cogí la costumbre de dejarle la televisión prendida cuando salgo a hacer algún recado. Ahora se ofende si utilizas ese truco, te llama desesperada porque cree que la estás intentando engañar, aún incluso si solo has ido al baño. Luna como todos los gatos, adora el sofá y la cama. Se mete en los armarios en invierno y sale a tomar el sol a la terraza. La única diferencia notable con la mayor parte de los gatos, es que no suele trepar a los muebles. Ella necesita hacer pie, y yo francamente lo considero una ventaja y no una minusvalía. Los gatos ciegos se adaptan totalmente a su entorno, cuando convives con un gato que no ve, incluso a ti mismo se te olvida que le falta uno de sus sentidos. Recomiendan que les hables cuando te acercas, pero sinceramente ese es un truco que utilizas sin ser consciente de estar haciéndolo, creo que no soy la única que tiene la manía de hablarle a sus bichos, por supuesto que funciona, pero tampoco requiere de un esfuerzo especial.



Los animales con alguna discapacidad, como las personas, habitualmente son víctimas del prejuicio del mundo que los rodea. Pueden tener vidas plenas y felices sin que su calidad de vida disminuida. Generalmente son los ojos que los ven los que se compadecen de unas carencias de los que ellos no son conscientes. Es nuestra mirada la que se empeña en limitar su capacidad de ser felices.




Adoptar un gato ciego, no supone ningún esfuerzo extra. Como todos los gatos, requieren de un orden y una rutina. No les gustan los cambios pero su pérdida de visión no limita su capacidad de adaptación. Saber que Luna no puede trepar a las ventanas me genera más tranquilidad que desasosiego. Puedo aseguraros que en cualquier otro aspecto es un gato normal, es de hecho el General al que tenemos que rendir cuentas en mi casa. Como todos los gatos vamos…