30 de marzo de 2015

FAUNA URBANA: PÁJAROS

Ya hemos hablado en otra ocasión de las palomas, porque si pensamos en fauna urbana, quizás sea el primer ejemplo que se nos viene a la cabeza, esas aves atontolinadas, despreciadas por la mayor parte de nuestros conciudadanos, que nos han perdido todo miedo y respeto y se entremezclan con nosotros en jardines, tejados y terrazas, recibiendo innumerables críticas que podemos resumir en el apelativo poco cariñoso de “ratas con alas”. Sin embargo, ellas son el paradigma de la adaptación. No son las únicas que han sabido acomodarse a los nuevos ritmos urbanos.
En nuestros parques y zonas verdes se encuentra la clave de la transformación y la convivencia entre especies. Nosotros creamos esas zonas para relajarnos, descansar y seguir en contacto con una pequeña parte de esa naturaleza domesticada. Ellos, la utilizan para establecerse en su nuevo entorno. Adaptarse o morir.
Si nos paramos a pensarlo, somos unos grandes proveedores de alimentos para una legión de animales que viven entre nosotros. Los restos de comida, son un bufete libre para aves como los gorriones, vencejos, estorninos, urracas, mirlos (o tordos), jilgueros, petirrojos y colirrojos, golondrinas y un sinfín de especies se alimenta en nuestros parques y duerme en nuestros tejados. Y es que por increíble que parezca vivir en nuestras ciudades también implica ciertas ventajas para las aves:
Tienen mayor cantidad de alimento, al ser omnívoras, encuentran multitud de comida en nuestros desperdicios, porque como seguramente habéis comprobado más de una vez, las aves urbanas, también son esclavas de la comida basura.

Disponen de mayor seguridad. Es indudable que haberse mudado a la ciudad limita el número de depredadores, por lo que las aves urbanas, tienen menos enemigos en su entorno.

Vivir un invierno menos crudo. Ventajas de la contaminación. La polución y la contaminación lumínica hace de las ciudades entornos con climas más suaves, sobre todo en invierno lo que facilita la supervivencia de las aves.

Disfrutan de zonas verdes tranquilas y con menos tóxicos: por paradójico que pueda resultar parece ser que los entornos urbanos disponen de zonas verdes con menor presencia de insecticida que los cultivos rurales, por lo que los insectos que las aves incluyen en su dieta son menos tóxicos.

Es indudable que algunas de estas ventajas son al mismo tiempo desventajas para algunas especies, la contaminación mitiga la temperatura invernal, pero al mismo tiempo limita el volumen de insectos lo que hace que las especies insectívoras no tengan tanta presencia en los centros urbanos. 

Otros efectos de la urbanización, como el asfalto afectan a aquellas aves como las golondrinas, que no encuentra con qué construir sus nidos. 
Hay consecuencias  más generales y comunes a todas las especies, convivir con humanos aumenta el riesgo de accidentes y la contaminación acústica puede afectar a su capacidad reproductiva, ya que sus cantos son el principal reclamo en la época de emparejamiento.




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