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28 de septiembre de 2015

DE LEONES Y OTRAS ESPECIES EN PELIGRO DE EXTINCIÓN

Allá por julio, hace media vida, saltó a los periódicos de medio mundo el asesinato, con premeditación, alevosía y nocturnidad, de un león en Zimbabue. Se llamaba Cecil, y era la estrella de la reserva de Hwange y el animal más conocido del país.



Recupero esta noticia ahora, meses más tarde, porque me resulta más sencillo escribir sobre un tema cuando ha pasado un tiempo y me ha dado tiempo a mascullar y digerir mis propios pensamientos. Si escribo en caliente, se me va la fuerza por la boca y la sangre que me palpita en las sienes me obliga a redactar exabruptos de cuyas formas luego me arrepiento. Pero volvamos a Cecil.

La noticia que durante semanas colapsó los noticieros de medio mundo, se centraba en que el coste de una especie en extinción, estaba tasado en 50.000€… 50.000€, ¿os dais cuenta?, es más fácil que ahorréis para exterminar a un león, que para pagaros un piso de protección oficial… Esta es la lógica que impera en el mundo. Lo escribo tal cual, porque es lo primero que me vino a la mente cuando me tropecé con el primer titular en la prensa. Apenas persisten 22.000 leones en el mundo, y por “solo” 50.000€ puedes darle caza al rey de la selva. Esto da una idea también de cuál es el problema. Y el problema, amigos, es la mentalidad. La creencia de que el ser humano es el dueño y señor de todo el planeta, y por otra parte, un amo muy injusto, torpe y dañino que es incapaz de no tirar piedras contra su propio tejado.



La reacción del cazador al descubrirse “cazado” evidencia perfectamente esta situación. Cuando el perpetrador, un americano de profesión liberal y situación económica desahogada, se vio sorprendido por la avalancha de críticas originadas por su proeza cinegética, apenas pudo balbucear unas disculpas. El interfecto, según recogían los periódicos, se mostraba estupefacto ante la reacción popular y entonaba un tibio “mea culpa”, amparándose en que desconocía “la identidad del animal”.



Pero no se trataba de eso. Sin entrar en lo rastrero de los métodos utilizados, colocándole un cebo que lo atrajese fuera de la reserva en la que se encontraba, el hecho de que Cecil estuviese dentro de un programa de conservación, favoreció que la caza furtiva quedase en evidencia, pero no hace que el hecho en sí sea mejor o peor. Nos hubiese dado lo mismo que el león no tuviese nombre, o no estuviese monitorizado. Lo horrible de la noticia es considerar que todo tiene un precio, que todo se puede conseguir. No estoy hablando de la igualdad de derechos entre hombres y animales, sino simplemente de un proceso de cosificación del medio. Una forma de entender lo que nos rodea como algo que es enteramente nuestro y sobre el que tenemos derecho de pernada. Tampoco quiero entrar en el debate sobre el desarrollo económico asociado a los safaris o las batidas de caza. Solamente estoy hablando de un concepto de posesión.



Lo que nos rodea no es nuestro, o al menos no todo. Las ciudades, o los países, son bienes colectivos, y todo lo que los contiene también lo es. Solo tenemos derecho de usufructo, y tenemos la obligación de conservarlo en el mejor estado posible, como si hubiésemos firmado un contrato de alquiler. Una vez asumido este concepto es más sencillo comprender que uno no destroza el entorno en el que vive. Aquí sirve el viejo ejemplo que utilizaban los maestros en la escuela cuando te veían arrojar algo al suelo: ¿en tu casa tiras la basura al piso? Y cabe entender que cuando comprendamos que lo que nos rodea no es nuestro ni está a nuestro servicio, sino que tenemos el privilegio de poder beneficiarnos de ello, las cosas empezarán a cambiar.




Tenemos la obligación de mantener un equilibrio entre especies, de conservarlas para el futuro, no puede ser que el mísero pago de 50.000€ te permita abatir un animal en peligro de extinción. La cuestión, bajo mi punto de vista, está ahí. No puedes pagar 50.000€ para matar un león, porque el león no es tuyo, y desde luego no es del tipo al que se los has pagado para asesinarlo. La mentalidad y la concienciación, están evolucionando por fortuna, aunque estos procesos lleven su propio ritmo. Confiemos pues, en que el tiempo, ponga las cosas en su sitio, pero cruzad los dedos, para que entonces, no sea demasiado tarde.