27 de marzo de 2017

NO TE FALLARÉ…

Miro a mi perra y ella me devuelve la mirada. No tiene muy claro si quiero algo de ella, por eso en seguida se pone alerta. Alza primero las orejas y luego la cabeza. Se sienta y su focico alargado se posa sobre mi mano izquierda, la que tiene más cerca. Tiene el morro casi blanco, salpicado de canas. Yo también tengo más arrugas que cuando nos conocimos. Esta misma mañana he detectado unos nuevos surcos alrededor de los ojos. Más que patas de gallo, lo mío comienza a ser una granja avícola al completo. Es increíble lo rápido que pasan los años cuando uno pasa de la treintena…




Divagaciones aparte, hoy me he dado cuenta de que mi querida compañera ya va teniendo una edad. No me importa, salvo por el pequeño detalle de que ese tiempo que ya ha pasado me va acercando inexorablemente a su final. Nanda tiene once años (once años ya, ¡la virgen!) y con un poco de suerte aún nos quedan un par de años buenos antes de que la vejez haga estragos en su calidad de vida. No quiero pensarlo, pero la idea me acecha a veces como un depredador furtivo y me asalta cuando veo algún cambio significativo en su comportamiento. Con la gata me pasa lo mismo. Luni no tiene canas, pero sus ojos se velan con una cortina de cataratas… El tiempo es una extraña medida para la vida, cabe mucho y muy poco al mismo tiempo. Me he levantado filosófica hoy. La mortalidad, la propia y la ajena, no es un tema agradable para comenzar un día laborable… Como dice mi padre cada vez que dan por el telediario la muerte repentina de un famoso: esas noticias deberían estar prohibidas… Y esto, es lo mismo, debería haber una ley natural que te obligase a no adelantar acontecimientos y pensar en enfermedad y muerte cuando todo está bien… Ok. Reseteemos.

Cuando te he visto esta mañana compañera, con el focico cano, he reparado en que algún día, esperemos que aún lejano, tus fuerzas comenzarán a fallarte, pero quiero que sepas que yo no te fallaré.

No permitiré que tus últimos años sean tan infelices como los primeros, cuando aún no nos conocíamos.

Tú querida mía, no vas a acabar tus días frente a unos barrotes, como tantos infelices a los que se les da carpetazo en el momento que más necesitan una familia.

Querida Nanda, tú no tendrás que preocuparte por nada, nosotros estaremos allí, siempre contigo. Seremos felices, como siempre, pero a otro ritmo, ya lo verás.

Tendremos que ir, probablemente, más al veterinario, pero puedes estar tranquila compañera, recortaremos en bares, en revistas, en ropa, en tabaco, en toda clase de gastos superfluos para que no te falte de nada. No escatimaremos en gastos.

Quizás tengas tú misma, que dejar algunos vicios, como esos picoteos que sé que no debo consentirte. Será tu pequeño sacrificio, empezar a comer mejor.

No te preocupes si algún día te cansas, ya sabes que nosotros no hemos sido nunca de correr maratones. Pasaremos más ratos sentados, saldremos menos, seremos más pacientes y ralentizaremos el paso. No te quedarás atrás amiga mía, eso puedo jurártelo.

Siempre tendrás compañera ese rincón en el sofá que tanto te gusta. No pienses en los incómodos escapes, saldrás más a menudo, o invertiremos en fundas, bayetas y pañales.

No hay nada, ninguna razón en el mundo, que me vaya a hacer faltar a mi palabra. Intentaré estar a la altura de tu fidelidad. Donde tú estés estaré yo, y cuando faltes, estará tu recuerdo.

No te fallaré amiga mía, puedes jurarlo.