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15 de septiembre de 2014

HUY, HUY, HUY MI GATO HABLA…


Sí. El gato de Rosario decía huy, huy, huy e incluso ay, ay, ay, pero lejos de sorprendernos los que compartimos vida con un gato sabemos que los nuestros no solo utilizan interjecciones sino que tienen todo un repertorio que dedicarnos diariamente.

Habréis oído miles de veces aquello de “parece que lo entiende todo” o aquel otro tan manido de “no le falta más que hablar” y lo cierto es que nuestros gatos hablan, o al menos lo intentan.



Parece ser que los gatos domésticos tienen más de 70 tipos de maullido, cada uno de ellos expresando una intención, deseo o necesidad distinta. La convivencia entre gato y humano favorece el entendimiento, por lo que lógicamente hemos aprendido a descifrar lo que significan las distintas inflexiones en el maullido de nuestros felinos. Lo sorprendente no es ésta compenetración entre especies sino que según varios etólogos e investigadores, el gato habría desarrollado este protolenguaje para comunicarse con los humanos y no con individuos de su propia especie.

Lo que nos temíamos, ¡el gato nos da órdenes!

Al parecer, la clave de este descubrimiento se basa en la observación del comportamiento de los felinos no domesticados, los cuales apenas utilizan el maullido para comunicarse entre sí o con su entorno sino que recurren a otros sonidos más guturales. En general, “las conversaciones” entre gatos se realizan a través de sonidos más graves y prolongados, mientras que a los humanos nos dedicarían resonancias más suaves y breves. El maullido es en realidad un sonido característico únicamente de los cachorros, aunque los gatos domésticos lo han perfeccionado para comunicarse con nosotros, o lo que es lo mismo: para adiestrarnos. El problema de esta última aseveración es que no se trata de la ironía de alguien que vive bajo el dominio (consentido y complacido) de un gato, sino que investigadores internacionales así lo han determinado: los gatos han creado un lenguaje para manipular nuestro comportamiento con el fin de obtener aquello que desean en ese momento (alimentación, caricias, atención). Lo que supone que el lenguaje es una conducta aprendida en lugar de una evolución histórica. Los gatos utilizan distintos sonidos hasta tener el objeto de su deseo, tras lo cual, por medio de repeticiones consiguen que su dueño conozca e identifique la intensidad del maullido con una aspiración concreta.

TWO, GATITA EN ADOPCIÓN EN AMIGOS DEL PERRO

Existen varias teorías que pueden ayudarnos a analizar el significado de sus maullidos, en función de su duración, entonación e intensidad que además acompañan con determinado lenguaje corporal.

En líneas generales se entiende que los maullidos cortos y reiterativos están solicitando algo concreto (comida, agua, apertura de una puerta…). Los maullidos lastimeros solicitan atención, los suaves se corresponden con un saludo, etc. Y así hasta un sinfín de expresiones. Lo cierto es que además al tratarse de un lenguaje adquirido, los gatos suelen contar con expresiones personalizadas en función de su propio carácter (más o menos expresivo), raza (más o menos charlatana) y la relación con su propietario.

Lo más curioso es que pese al complejo de loco que se le queda a uno cuando se descubre conversando con su gato, la mayor parte de los expertos recomiendan establecer un diálogo con el animal para reforzar el vínculo afectivo y el entendimiento con el animal. Así que ya sabéis, ¡a conversar!

MARÍA Y JAVI