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18 de agosto de 2014

COMO PERROS Y GATOS


Hace ya dos meses que Luna irrumpió en nuestras vidas como un elefante en una cacharrería y pese a ello y contra todo pronóstico, todos nosotros hemos sobrevivido.



No obstante como los comienzos siempre son complicados quiero dedicar esta entrada a la convivencia entre perros y gatos.

Todos tenemos en mente el dicho de “como perro y gato” refiriéndose a una incompatibilidad de caracteres cuasi patológica que incapacita la convivencia entre ambos animales. Sin embargo, esto no siempre es así, y debemos tener claro que este “antagonismo”,  la mayor parte de las veces, no viene determinado por la especie sino por el carácter de cada individuo.

Antes de nada conviene tener claras las diferencias de comportamiento de cada especie. Comprender las necesidades de nuestros compañeros nos ayudará en la adaptación y contribuirá a evitar problemas innecesarios.



¿Qué sabemos del perro y el gato? Sabemos que ambos animales son cazadores, pero mientras que el perro es un animal social que atiende a una jerarquía, el gato es un depredador solitario e independiente. Y esta simplificada descripción nos sirve de base para entender la diferenciada forma de proceder de nuestros amigos.

El gato necesita ante todo su espacio, que se respeten sus tiempos y tener su rutina totalmente controlada. Necesita tiempo para habituarse a los cambios ya que cualquier transformación en su vida cotidiana puede traducirse en estrés. El perro por el contrario, participa más activamente en nuestras vidas, requiere de ejercicio diario, es más dependiente y pasa más tiempo en continuo contacto con nosotros. También es un amante de las rutinas pero tiene otra manera de afrontar el cambio.

Ambos animales son territoriales, por lo que es importante que en todo momento a la hora de introducir otro morador nuestro animal primigenio tenga claro que su lugar en nuestra familia no ha cambiado, que no se va a ver sustituido por el intruso y que no va a tener que compartir sus pertenencias con él. Este punto es importante, puesto que aunque en el futuro ambos estén dispuestos a compartir cama, juguetes y/o comida, en un principio es necesario que cada animal cuente con sus propios objetos. También será preciso que al menos al principio cada uno pueda contar con su propio espacio, por lo que lo ideal es planificar esta “localización” antes de la llegada del nuevo inquilino.

Antes de introducir un nuevo compañero en la vida de tu mascota, debes pararte a pensar como es el animal que actualmente convive contigo. Si es dominante o sumiso, si es agresivo o sociable o si ya ha convivido previamente con otros animales. Ten en cuenta que la clave del éxito en la convivencia con varios animales, sean o no de la misma especie, es la socialización. La respuesta de un animal socializado y sociable siempre será más positiva que la de un animal con otras características. A este respecto no es recomendable introducir otra mascota junto a un animal con antecedentes de agresividad o al menos hacerlo sin que se haya corregido esa conducta sometiendo al animal a algún tipo de terapia o tratamiento con especialistas.


Si observando a tu mascota, crees que es apto o está preparado para la convivencia con un animal de otra especie, deberás tener en cuenta algunas cuestiones básicas:

Reacciones: El perro tiende a hostigar a los gatos, por lo que en el primer encuentro es posible que intente atosigarlo. Algunas señales físicas que te advertirán de esto son la dilatación de las pupilas, la posición de las orejas (totalmente tiesas) y la posición en tensión a la espera del movimiento del gato. Debes intentar corregir esta conducta, para evitar que el perro entre en “modo caza”, para ello es importante que lo distraigas en el momento en el que adopte esa posición.

El gato por el contrario evaluará la situación y sus posibilidades de escapatoria antes de decidirse entre huir o atacar. También puede intentar pasar desapercibido quedándose impávido en el mismo lugar. Si el gato se endereza y emite bufidos es que está preparándose para un ataque, por lo que debes separar a los animales. Si por el contrario huye es probable que despierte en el perro el instinto de presa y que sea éste quien intente atacar al gato. Ambas situaciones son muy desagradables y pueden tener horribles consecuencias. Ten en cuenta que un perro de tamaño mediano puede matar con facilidad un gato, y al mismo tiempo que un gato joven se lanzará contra la cara del perro pudiendo causarle profundos daños en los ojos.

Por este motivo es muy importante que el primer contacto se produzca únicamente cuando el uno y el otro estén preparados.

Pautas: Mantén a ambos animales separados los primeros días, pero permite que se huelan a través de una puerta por ejemplo. Pasa tiempo con los dos animales y haz que el uno identifique en ti el olor del otro. Es importante que ambos te vean como dueño del otro. Puedes también intercambiar objetos de ambos animales para que vayan acostumbrándose a su presencia. Otra pauta recomendable es pasarlos pasados unos días a la habitación del otro. De este modo, ambos podrán investigar y deducir valiosa información para su futura convivencia.
En función de la evolución de ambos, puedes ir poco a poco introduciendo las visitas. Ten en cuenta que las primeras vistas son cruciales y que tendrás que estar con ellos en todo momento supervisando las reacciones. La paciencia va a ser fundamental en este proceso por lo que ármate de ella.

Debes estar en todo momento en medio, pero no des prioridad a uno u otro ya que puede producir el ataque del que se ve menospreciado. No cargues a ninguno en cuello para evitar conflictos, debes permitir que se olfateen pero con prudencia. Premia al que se muestre indiferente ante el otro, aunque a ti te hiciese ilusión que jugasen juntos, esto es lo que necesitamos en este momento: Indiferencia. No te preocupes, ya el roce hará el cariño.

Evita las persecuciones por todos los medios. No permitas que el perro corra detrás del gato ni lo instigue. Para facilitar estos primeros encuentros puedes sujetar al perro con la correa para un mayor control, ten en cuenta que el gato suele rechazar el enfrentamiento directo por lo que tenderá más a escaquearse que a atacar. Poco a poco, pasada la novedad, observarás una tendencia a la indiferencia en ambos animales. Éste es el primer síntoma del armisticio. Vete alargando poco a poco los momentos en los que compartan tiempo y espacio juntos bajo tu supervisión. Según vaya siendo su evolución, puedes intentar dejarlos juntos en la misma habitación estando tú en la misma casa (lo que te permitirá intervenir en caso de conflicto). Paulatinamente ambos animales deberían ir aceptándose por lo que podrán pasar más tiempo juntos e incluso quedarse solos.



Importante:

- Algunos animales no son aptos para la convivencia con otras especies y/u otros animales, por lo que puede ocurrir que no lleguen a adaptarse.

- Pueden también darse casos en los que la tolerancia al otro esté supeditada únicamente a tu presencia, por lo que debes prever mantenerlos separados en tu ausencia.

- La convivencia entre ambas especies siempre es más sencilla cuando se trata de cachorros que de adultos, tenlo en cuenta a la hora de introducir otro animal en casa.

- Los primeros días/semanas/meses pueden resultar algo estresantes hasta que las aguas lleguen a su cauce por lo que la paciencia será tu aliada en este viaje.

Por supuesto hay gatos y perros que se convierten en estupendos amigos y algunos otros que aprenden a tolerarse y convivir en paz. Nosotros lo hemos conseguido, ¿por qué no ibas tú a lograrlo?


MARÍA Y JAVI

Nota: Las fotografías que ilustran este artículo son de Nanda y Luna, iniciando su convivencia.