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12 de agosto de 2014

RAZAS: PASTOR BELGA


La Federación Cinológica Internacional clasifica así al pastor belga:

Grupo 1 Perros de pastor y  perros boyeros  (excepto perros  boyeros suizos). Sección 1 Perros de pastor.



Y Lola Moreno, presidenta de la Fundación Amigos del Perro, nos cuenta su experiencia con esta raza:

Los orígenes de lo que ahora conocemos como pastor belga se encuentran ya en la Edad Media y hasta su reconocimiento como raza, no era más que un perro de ganaderos que lo utilizaban para el pastoreo, como su nombre indica.

A finales del siglo XIX se promueve en Bélgica la iniciativa de reconocer como raza a este tipo de perros, llegando a distinguirse cuatro variedades: groenendael, tervueren, laekenois y malinois.

En la actualidad, aun se siguen utilizando como perros de pastoreo,  pero dada su facilidad para la adaptación y el aprendizaje, están en los hogares como perros de compañía, así como ayudando en labores de rescate y auxiliares de la policía como perros de trabajo y utilidad, siendo también perros deportivos.



En la actualidad poco queda del perro que defendía a su amo y sus propiedades, pero continúa su necesidad de abundante ejercicio, y dada la capa de alguna variedad, el cuidado del pelo es esencial.

También es sumamente importante socializarlo y educarlo desde cachorro con paciencia y constancia, porque si no devienen en perros nerviosos. Con los niños suelen ser protectores y muy vigilantes.



Aunque esto es una generalidad porque hay que evaluar, como en todas las razas, las peculiaridades del carácter de cada uno.

Yo convivo con siete pastores belgas malinois, cada uno de ellos es distinto en lo que se refiere en su relación con sus congéneres y conmigo.

Recuerdo la primera vez que vi un mali (forma coloquial de denominarlos), llegó a casa y me dijeron es un malinois y yo pensé, ya ya... Es un chucho, guapo (porque me gustan todos los perros), supercariñoso, pero un chucho, jajajajaja!
Sin embargo, aquel primer mali, Jerónimo se llama, me ganó el corazón con su cariño incondicional, prefería estar conmigo, sentado a mis pies, dándome cabezazos para que le acariciara a cualquier otra cosa, incluido un buen plato de comida, tenía que enviarle a comer, para que remoloneando se levantara y fuera a la cocina a comer su pienso.



Siempre fue mi guardián, con mil ojos por la noche, por si oía pasos desconocidos o a personas extrañas, no agresivo pero sí vigilante, haciéndose notar con su presencia, informando que no se me acercaran a no ser que yo le dijera: “tranquilo Jerónimo”, en ese momento se relajaba y dejaba que la gente le acariciara sin problemas.

Posteriormente fueron llegando más malis a mi casa, casi todos para hacer deporte, pero sin duda también una gran compañía, todos tienen un hueco en  mi corazón: la bella y dulce Fara, la cangurilla de Ava, el brutote de Kuma, el guindilla de Ares, pero sobre todos ellos, después de Jerónimo, mi perro por excelencia es Oso (Denver des Hommes Apaches).



Lo trajo mi marido, como a los demás, pero cuando ví bajar del coche aquel perro escuchimizado, con una oreja p’abajo y otra p’arriba, moviendo el rabo a una velocidad que pensé que iba a salir volando, y tirándose a  mí para lamerme la cara y que le hiciera mimos... Bueno... Que fue un momento especial y siempre fuimos algo más el uno para el otro.

Oso estuvo entrenando con mi marido durante varios años, llegando a los niveles más altos de la competición, clasificándose para dos mundiales de la FMBB con él, y cuando mi marido decidió que tenía que dedicar más tiempo a Kuma, me planteó dejarme con Oso.... fue un regalo maravilloso.

Desde el primer momento nos compenetramos a la perfección, quizás no fuéramos los mejores competidores del mundo, pero... ¿¿lo bien que lo pasábamos?? Volvió la magia del primer día, él era feliz cuando estaba conmigo y yo cuando estaba con él. Pasito a pasito fuimos subiendo en el nivel de competición, más despacio debido a mi torpeza que a su buen hacer, lo que sé del deporte con perros me lo enseñó Oso. Y tras tres años de competición, volvimos a meternos en un mundial, pero... Oso estaba ya mayor, nueve años son muchos años, por lo que decidí retirarle del mundo del deporte y ahora vive como un jubilado de lujo.



Salimos por el prado a entrenar por el gusto de hacerlo, él me pide que le mande hacer cosas, y así le tiro la pelota, se mantiene muy activo de cuerpo y de mente, y es el mejor perro que uno pudiera pedir tener si es una persona activa, cosa que yo no soy, pero tengo mis truquitos: le digo: Oso, haz algo!

Y él, ladra, o se sienta delante de mi, o va hasta donde guardo los juguetes para enseñarme lo que quiere... cualquier cosa que haga recibe una recompensa, y su mayor afán es que coja dos pelotas y correr a recogerlas, primero una, me la trae, juega a que no me la da... me da la espalda, no me deja cogerla, en fin... Juega y juega, y si ve que me canso, me entrega la pelota... Por lo que ya puede estar atento porque le lanzo otra para que vuelva a empezar su juego favorito, que es ganarme ¡jajajajajaja! Y me gana siempre.



No hay un día que no me reciba con unos lametones y unos abrazos, siempre está feliz de verme y para mí entrar en casa y verlo tumbado dormitando es uno de los momentos de mayor relajación, porque si Oso está relajado, yo puedo estar tranquila.



Nota: Las fotografías que ilustran este artículo han sido cedidas por Dª. Lola Moreno, que ha autorizado su publicación en este blog, y tienen todos los derechos reservados.